Viernes, 13 de diciembre de 2019

Reflexión a las lecturas del domingo tercero de Adviento A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"

Domingo 3º de Adviento A

 

                        El Domingo 3º de Adviento nos invita a la alegría, porque se acerca ya la Navidad. Desde antiguo, se llama “Domingo Gaudete”, un término latino -la liturgia se celebraba en latín- que se traduce por “estad alegres” o “alegraos”.

                        La oración colecta nos resume siempre el contenido de la celebración. La de este domingo es, particularmente, significativa: “Oh Dios, que contemplas cómo tu pueblo  espera con fidelidad la fiesta del nacimiento del Señor, concédenos llegar a la alegría de tan gran acontecimiento de salvación y celebrarlo siempre con solemnidad y júbilo desbordante. ¡Preciosa!

                        En la Navidad hay “muchos motivos” de  alegría: la familia que se reúne, el adorno de la casa, las felicitaciones, los regalos, los villancicos, el mismo ambiente navideño… Pero la oración señala “el motivo”; y dice: “concédenos llegar a la alegría de tan gran acontecimiento de salvación…”

                        Y la salvación no es algo que hemos de esperar sólo para después de la muerte, sino que es una realidad, ante la cual, hemos de tomar partido, en el ahora de nuestra vida de cada día. Y eso comienza en el Bautismo que recibimos recién nacidos, y que hemos de hacer cada vez más nuestro.

                        La salvación es el motivo de la Venida del Señor como se nos anuncia y se nos recuerda ahora constantemente, en las distintas celebraciones de Adviento y de Navidad: Jesucristo viene como Redentor y nos salva por su Pasión, Muerte y Resurrección. Y la llegada de la salvación, de algún modo, “sucede”, se hace presente, en las fiestas que se acercan. En el salmo responsorial de este domingo, repetimos: “Ven, Señor, a salvarnos”.

                        La salvación que nos trae Jesús tiene un doble contenido: ¡Liberación del pecado y del mal y sobreabundancia de bienes, hasta llegar a hacernos de nosotros ser hijos de Dios! Y esa doble realidad es, como decíamos,  “el motivo” de la alegría de  estas fiestas, y que se expresa y se alimenta con las manifestaciones externas ya tradicionales entre nosotros.

                        Suelo poner dos ejemplos: La alegría que hay cuando se libera a un secuestrado; y secuestrados estábamos por el pecado y el diablo; y la alegría que hay cuando se saca uno la lotería. ¡Cuántos bienes, cuántos dones nos trae el Señor! ¡Sería imposible enumerarlos todos! Dice S. Pablo: “¡El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros...!” (Cfr. Ef 1, 1- 10).

                        Cuando esto se conoce y se vive, sólo hay una forma de celebrar la Navidad: “con júbilo desbordante”, como dice la oración de este domingo. ¡Sea cual sea la situación en que cada uno se encuentre! El Papa S. León Magno decía: “No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida” y también “nadie debe sentirse excluido de la participación en tan gran gozo!

                        El Evangelio de hoy nos confirma la llegada de la salvación. Dice Jesús: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”

                        ¡Son éstos “los signos mesiánicos” que anunciaron los profetas! ¡Lo hemos escuchado en la primera lectura!

                        ¡Ha llegado, pues, el Mesías! ¡Ha llegado el que tenía que venir! “¡No tenemos que esperar a otro!”  ¡El Redentor está ya en medio de nosotros!

                        Y si esto es así, ¡ha llegado la salvación! Y entonces, ¿no hay motivo para la alegría desbordante? ¿Puede haber una alegría más grande que esta? ¡Sí, alegría inmensa, casi infinita, de disfrutarla para siempre!

                                                                                                          ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 17:34  | Espiritualidad
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