Viernes, 21 de febrero de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo séptimo del Tiempo Ordinario A  ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero  bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 7º del T. Ordinario A

 

Escuchábamos el domingo pasado: “No he venido a abolir la Ley y los Profetas. ¡No he venido a abolir, sino a dar plenitud!”. Y, a continuación, el Señor comenzaba a presentar una serie de antítesis: “Habéis oído que se dijo a los antiguos…, pero yo os digo…” Este domingo continuamos escuchándolas y se refieren al trato con los que nos hacen mal, con los que llamamos nuestros enemigos. Y comienza así : “Sabéis que está mandado: Ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia…”

¿Y qué quiere decir esto? ¿Que tenemos soportarlo todo y ceder ante todo el mal que  nos hagan? ¿Qué uno no se puede defender? Entonces, ¿el que denuncia a su enemigo lo hace mal?

 No se trata de eso. El Señor nos enseña que pueden haber circunstancias, en las que sea necesario o conveniente renunciar a nuestro derecho a defendernos, o a ceder ante el mal que nos hagan por un bien superior. Y que, además, es bueno este estilo de vida, que nos presenta hoy en el Sermón de la Montaña. ¡Es tan hermoso todo!

¡Pensemos, por ejemplo, en una madre que no quiere denunciar a un hijo que le ha robado o maltratado!

Y Jesús continúa diciendo: “Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial…”

Lo que el Señor nos enseña es algo muy grande y valioso, pero también muy difícil. Por eso, hay personas que se sienten incapaces de perdonar y necesitan personas competentes que les ayuden a conseguirlo o, por lo menos, a intentarlo.

¡Y el perdón es una expresión de amor a Dios y a los hermanos! Un obispo alemán, no recuerdo su nombre ni su diócesis, pedía en su testamento: “Si he ofendido a alguno, perdonadme por amor a Jesucristo”.

¡El perdón es, pues,  como una ofrenda de amor que hacemos al Señor! ¡De ahí viene su valor y su mérito! ¡El perdón, como el amor cristiano, es teologal!, es decir, por Dios, “por amor a Jesucristo”.

El Señor nos presenta muchos motivos para hacerlo a lo largo del Evangelio. El texto de hoy nos dice que tenemos que actuar así, porque ser cristiano es ser hijo de Dios; y el hijo tiene que parecerse al Padre del cielo, que no sólo nos perdona, sino que, además, “hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos”.

Y Jesús continúa diciendo: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué  premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?”

¡Ser cristiano, por tanto, es ser diferente!

Toda esta doctrina está enmarcada en una ley de perfección, porque el Señor termina diciendo: “Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Que es lo mismo que ya escuchábamos en la primera lectura: “Seréis santos, porque yo el Señor, vuestro Dios, soy santo”.

¡Constatamos aquí, una vez más, la novedad, la grandeza y la elevación moral del Sermón de la Montaña!, del mensaje cristiano, del seguimiento del Señor y no nos es lícito  descafeinarlo “echar agua al vino excelente del mensaje del Evangelio por el que algunos cristianos han llegado incluso al heroísmo. ¡Los mártires han muerto siempre personando!

Recuerdo también ahora,  las enseñanzas del Papa San Juan Pablo II en la Encíclica “Dives in Misericordia”,  en la que afirma que la justicia no es suficiente para salvaguardar la vida en la  sociedad y en la Iglesia.  Hace falta introducir el perdón y la misericordia. No podemos olvidar que somos  seres frágiles y pecadores, necesitados siempre de comprensión, de misericordia y de perdón.

Vivamos todos la alegría de que “el Señor es compasivo y misericordioso”, como proclamamos hoy en el salmo responsorial y, de acuerdo al Sermón de la Montaña, tratemos nosotros de vivir con el mismo espíritu.

¡El Tiempo de Cuaresma, que vamos a iniciar nos ayudará! 

                                                                                                               ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 16:54  | Espiritualidad
 | Enviar