S?bado, 25 de abril de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo tercero de Pascua A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"             

Domingo 3º de Pascua A

 

El encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús es una de las apariciones más hermosas de Jesucristo Resucitado. Los dos eran discípulos, aunque no fueran de los Doce. ¡Creían que Jesús era el Mesías! ¡Que, por fin, había llegado la liberación de Israel! ¡Se habían entusiasmado tanto con su persona, con sus palabras, sus milagros, sus promesas, su estilo de vida! ¡Tenían tantas ilusiones en aquel Reino que Jesús anunciaba! Aunque lo entendieran a su manera, como los demás… Pero llegó su detención en el Huerto, la marcha de los discípulos, la Pasión y la Muerte terrible de la Cruz… ¿Y quién iba a creer, en todo Israel, que el Mesías iba a ser derrotado, humillado, crucificado, y a terminar de esa manera? Ellos iban “de vuelta” a Emaús. Pensaban que todo se había acabado, que todo se había quedado en una vana ilusión: “¡Nosotros esperábamos… Y ya ves, hace dos días que sucedió esto…!”.

Por el camino del sufrimiento y de la desilusión, Jesús se hace el encontradizo. “Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”. ¡Ese es nuestro problema tantas veces!: Que Cristo va con nosotros, especialmente, cuando atravesamos la “noche del dolor”,  y ¡cuántas veces no somos capaces de reconocerlo! Luego, les reprocha algo que les había enseñado muchas veces: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?” De este modo, Jesús les recuerda algo fundamental, que había llenado de gloria, de júbilo y de entusiasmo, el Monte de la Transfiguración: “Que, de acuerdo con la Ley y los Profetas, la Pasión es el camino de la Resurrección”. Es decir, que el sufrimiento, y la muerte no tienen la última palabra. ¡Que son sólo camino, paso, Pascua!

¡A veces los cristianos no le damos mucha importancia a nuestra formación religiosa y desconocemos cosas fundamentales! ¡Cuánto desconocimiento, cuánta ignorancia tantas veces! Luego vienen las consecuencias, especialmente, a la hora del dolor y de la muerte: ¡no sabemos, no entendemos nada, y nos hundimos; y hasta “nos peleamos con Dios!”.

Cleofás y su compañero tienen la dicha inmensa de que Jesús, “comenzando por Moisés y siguiendo por los Profetas” les explicara “lo que se refería a Él en todas las Escrituras”. ¡Y sienten arder el corazón! ¡Y le invitan a quedarse con ellos! Y así lo hace.

¡Qué hermoso es todo esto! ¡Y viene la Eucaristía! Sea lo que fuera de  lo que Jesús hizo sentado a la mesa, sus palabras y sus gestos evocan la “fracción del pan”, que así llamaban a la Eucaristía en los primeros tiempos. ¿Pero no fue Eucaristía todo el camino? ¿No se parece a una larga Liturgia de la Palabra lo que hacen mientras van a Emaús? Viene luego la referencia a la Litúrgica Eucarística, que garantiza la presencia del Señor Resucitado entre nosotros. “Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista”. Y los de Emaús enseguida hacen lo que todos los discípulos, hombres y mujeres, acostumbraban: ¡Anunciarlo a los demás!

Parece como si Lucas quisiera enseñarnos que, en la ausencia visible de Cristo, le encontramos presente y vivo en la Eucaristía, es decir, en su Palabra y en su Cuerpo y su Sangre, que es primero ofrenda y sacrificio y, después, comida, banquete.

¡Cuántas consecuencias prácticas brotan de este acontecimiento pascual!

¡Qué importante es la celebración de la Santa Misa, especialmente, la del domingo, que se hace en virtud de “una tradición”, que se remonta al mismo día de la Resurrección!

Precisamente, esta semana, en la celebración eucarística de cada día, iremos escuchando el Sermón del Pan de Vida, que recoge el capítulo sexto de Juan. Es que en la Pascua no recordamos y revivimos sólo el Bautismo, sino también la Confirmación y la Eucaristía, los Sacramentos de Iniciación Cristiana! La Pascua es el tiempo privilegiado para todos los sacramentos, porque todos nacieron del costado de Cristo muerto en la Cruz y de su santa Resurrección.

¡A Él el honor y la gloria, ahora y siempre, y por los siglos. Amén!

 

                                                                                                             ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 18:11  | Espiritualidad
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