S?bado, 13 de junio de 2020

Reflexión a las lecturas de la solemnidad del Corpus Christi A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

La Solemnidad del Corpus Christi

 

Cuánto bien ha hecho a la Iglesia y a la humanidad la Fiesta del Corpus, desde que el Papa Urbano IV, en el siglo XIII, la instituyó a la raíz del famoso milagro eucarístico de la Catedral de Orvieto, en Italia. Me parece que aún hoy esta gran solemnidad conserva la virtualidad necesaria para hacernos mucho bien a nosotros y al mundo entero,  si acertamos a acoger el mensaje pluriforme que nos ofrece también en este tiempo de desescalada en el que se nos exige celebrarla de una manera distinta a otros años, pero no menos intensa.

Siempre en esta gran solemnidad se nos invita y se nos urge a reconocer y venerar la presencia real de Cristo en la Eucaristía también fuera de la Santa Misa. De ahí la importancia y trascendencia de la procesión eucarística, en que culmina la celebración. En esta ocasión no podrá ser muy vistosa y concurrida, pero sí celebrada con mucho fervor.

Buena falta tenemos los cristianos de profundizar en la presencia real de Cristo en este Misterio tan admirable, especialmente, en la presencia de Cristo en el Sagrario, recordando el mensaje y el testimonio de San Manuel González, el Obispo santo. A este respecto, recuerdo hoy, con emoción y cariño, una parroquia que tuve al final de la Isla por el Norte, en la que teníamos el templo abierto todo el día: qué cantidad de gente visitaba allí el Santísimo, sobre todo, a lo largo de  la mañana. Aquello producía, sin duda, muchos frutos en aquella parroquia querida, que cada domingo, llegó a reunir en su templo y demás dependencias,  a más de trescientos niños con sus respectivos catequistas y familiares. Y, además en aquel pueblo no había tanto desorden religioso, moral y social, como contemplo ahora en otros lugares donde se visita, se adora y se venera muy poco a Cristo en la Eucaristía.

Cada año, de los tres en que se divide la Liturgia de la Iglesia, la Palabra de Dios centra nuestra atención en alguno de los aspectos característicos y fundamentales del Misterio Eucarístico: Presencia, Sacrificio y Banquete. Este año se subraya esta tercera dimensión: Banquete: La Eucaristía es la Comida principal e indispensable, el Banquete festivo de los cristianos, que el Señor Jesús nos mandó celebrar hasta su Vuelta Gloriosa. Y en el Evangelio de hoy Jesucristo nos enseña, con toda claridad, que sin este alimento sacratísimo no hay vida de Dios en nosotros, esa vida divina, que recibimos en el Bautismo.

Hoy es un día apropiado para revisar seriamente nuestra participación en la Santa Misa y también para denunciar, con vigor y fortaleza, tantos abusos como se cometen contra el Santísimo Sacramento, como, por ejemplo, esas falsas primeras comuniones de tantos niños, a los que sus padres llevan al altar de forma inadecuada e irresponsable, y que constituyen un verdadero escándalo para el pueblo cristiano. ¿Y los responsables eclesiales, a todos los niveles, dónde están? ¡Por esto y por otras cosas semejantes, me pregunto con frecuencia hasta qué punto tenemos fe!

Y junto al Corpus, la Jornada Nacional de Caridad, que es algo que arranca de las mismas  entrañas del Misterio Eucarístico, como nos recuerda la segunda lectura de hoy: “El Pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque comemos todos del mismo Pan”. Por eso, el Papa San Pablo VI, en el Corpus del año 1.969, decía que el que comulga tiene que descubrir su vocación a la caridad”. Los que comulgamos, por tanto, no podemos comportarnos como parásitos como sucede, desgraciadamente, en tantos cristianos, que aún siendo practicantes, no se comprometen en nada en la marcha de su comunidad, ni siquiera en su propia familia. Como recordábamos el otro día,  son “inútiles para la Iglesia y para sí mismos”. (Ap. Act. 2).

Me gusta mucho recordar las palabras de unos de nuestros rituales que dice que después de la Comunión “hay que demostrar con obras de caridad, piedad y apostolado, lo que se ha recibido por la fe y el Sacramento”. No es suficiente, por tanto, participar en la Eucaristía, incluso en la Comunión; “hay que demostrarlo después”. Y eso es lo que han hecho muchísimos cristianos en este tiempo dramático de pandemia, dando un alto testimonio de fe y de caridad; y, entre ellos, muchos sacerdotes y seglares que se han dedicado a la atención de los contagiados, de los fallecidos y de los familiares de unos y otros, hasta dar la vida, en numerosas ocasiones, mientras otros permanecían tranquilos en “sus escondites”.

Termino con una antífona del Rito de la Comunión de los enfermos, que repetía tantas veces en los ocho largos años en que fui Capellán del Hospital Universitario: “Oh Sagrado Banquete en el que Cristo es nuestra comida, se celebra el Memorial de su Pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura”.                                                                     

                                                                                               ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!    


Publicado por verdenaranja @ 12:25  | Espiritualidad
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