S?bado, 19 de septiembre de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Péresz Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 25º del T. Ordinario A           

            A primera vista, nos da la impresión de que aquellos jornaleros que protestaban, tenían razón. No parece justo que el dueño de la viña trate por igual a todos los  obreros: a los que han trabajado de sol a sol y a los que han llegado al caer de la tarde. Por eso es fundamental la aclaración del amo: “amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete”.

     Me parece que esta parábola es fundamental para entender el corazón de Dios, el Padre del Cielo, que Jesús nos manifiesta con sus palabras y  sus obras. Ya en la primera lectura se nos advierte: “Como el Cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes”.

     Con frecuencia hago alusión a las enseñanzas de San Juan Pablo II, sobre la necesidad de introducir el perdón y la misericordia en la vida de la sociedad y de la Iglesia (Dives in M, 12). Y es que somos todos débiles y frágiles, y, de hecho fallamos muchas veces. Y este domingo nos damos cuenta de que esa ha sido siempre la forma de actuar de Dios, que, ahora en Jesucristo, alcanzará su punto culminante.

     Él les brindaba a todos la oportunidad de trabajar en su Viña, aunque fuera ya tarde. Y así llega la hora de Zaqueo (Lc 19,1-10) la de la pecadora de la casa de Simón, el fariseo, (Lc 7,36-50), la de la samaritana (Jn 4,5-42) y la de tantos otros; hasta que llega la hora del buen ladrón, ya bien atardecido, al que le dice desde la Cruz: “Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43).

     Nosotros hemos tenido la inmensa fortuna de haber encontrado en el camino de nuestra existencia, a un Dios que es así. San Pablo nos dejará bien claro que la gracia de la justificación “no se debe a vosotros sino que es un don de Dios, ni se debe a las  obras, para que nadie pueda presumir” (Ef 2,8-9).

     Además la paga del Amo de la Viña es siempre desproporcionada a nuestros méritos. ¿No nos promete el Señor el ciento por uno y la vida eterna? (Mt 19,29). Sobre esta parábola, hay un himno en la Liturgia de las Horas en el que le decimos al Señor: “Al romper el día, nos apalabraste, cuidamos tu viña del alba a la tarde; ahora que nos pagas, nos lo das de balde, que a jornal de gloria no hay trabajo grande". (Vísp. Lun. I)

     Después de haber reflexionado en estos pasados domingos sobre algunas enseñanzas de Jesucristo acerca de la vida en comunidad, qué importante es que, a la luz de esta parábola preciosa, nuestro corazón se parezca al corazón de Dios,  para que sepamos acoger, con un inmenso cariño y comprensión, a los que llegan tarde a trabajar en la Viña; para que nunca caigamos en la tentación de “recordarle” a éste o a aquella que, en su día, llegaron tarde; para que tengamos la convicción firme de que el Amo está dispuesto siempre a acogernos en su Viña, a cualquier hora, incluso, en el atardecer del día, de la vida.

     Y ahora que estamos comenzando un nuevo curso, también en  la comunidad cristiana, me parece que el Señor, como en la parábola,  anda por las calles de nuestros pueblos y ciudades, diciendo a los que encuentra parados: “Id también vosotros a mi Viña y os pagaré lo debido”.  Y cada cual tendrá que responder a esta invitación personal, que nos hace el Señor, a través de mil formas, y descubrir cuál es el puesto de trabajo que nos tiene asignado en su Viña, porque hay mucho que hacer, y no podemos ser de aquellos que se pasan  “el día entero sin trabajar”.

     La Eucaristía del domingo o de cada día es la Mesa de la comunidad cristiana, donde el Amo de la Viña reúne a sus jornaleros, para que sea posible el trabajo que nos encomienda.

 

                                                                                                          ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!            


Publicado por verdenaranja @ 10:54  | Espiritualidad
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