S?bado, 02 de enero de 2021

Reflexión a las lecturas del segundo domingo de la Navidad ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 2º de Navidad

 

       Este domingo no celebramos ningún acontecimiento concreto de la vida del Señor, sino que es como un “domingo puente” entre las fiestas del primero de enero y de la Epifanía del Señor, que es la segunda parte de la Navidad.

       Y la Liturgia de este día nos ofrece una ocasión para detenernos, en medio de estas fiestas, y contemplar más y más el misterio de la Navidad; incluso, para reflexionar sobre la forma misma en que estamos celebrando estas fiestas.

       Las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo son muy ricas en contenido y, al mismo tiempo, resumen, en pocas ideas, el acontecimiento que celebramos.

       La primera lectura nos presenta a la Sabiduría de Dios, que se identifica, en el Nuevo Testamento, con el Hijo de Dios, el Verbo eterno del Padre.

       En el Evangelio, S. Juan, como un águila, se adentra en el misterio mismo de Dios, y nos describe al Verbo eterno del Padre, como si lo estuviera viendo: “ El Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”. “En Él  estaba vida, y la vida era la luz de los  hombres.

       Y luego resume el misterio asombroso de la Navidad, diciendo: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

       Retengamos esta idea: ¡Y el Verbo  se hizo carne y hemos contemplado su gloria! ¡Dichosos nosotros si podemos salir de la Navidad diciendo: “¡Hemos contemplado su gloria!”

       ¿Y con qué finalidad se realiza todo eso? Es decir, ¿por qué y para qué se hace hombre el Hijo de Dios? Es San Pablo el que, en la carta a los efesios, nos lo resume diciendo:  “En Él, por su sangre, tenemos la redención, el perdón de los pecados”. Y también nos dice: "Él nos ha destinado, por medio de Jesucristo según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos para alabanza de la gloria de su gracia” (Cfr. Ef 1, 3-7).

       ¿Comprendemos todo lo que esto significa?

       Recordemos que San Ignacio nos advierte: “No el mucho saber es lo que harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas interiormente”.  Pues de eso se trata en este domingo.

       Luego, en un contraste lleno de paradojas y de ironía, el evangelista  nos presenta la respuesta del hombre al misterio de Dios:

       “Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió…”. “El mundo se hizo por medio de él, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder para ser  hijos de Dios, a los que creen en su nombre”.

       De este modo resume nuestras actitudes ante las celebraciones de la Navidad.

       Y nosotros, cada uno de nosotros, ¿nos identificamos con las tres primeras respuestas al Señor que viene, o con la cuarta:  ¿Somos de los que lo recibieron y les dio el poder de ser hijos de Dios?

       Pues ¡dichosos nosotros, porque se ha cumplido en cada uno la finalidad de este gran acontecimiento: El Señor nos ha colmado con su salvación y sus dones hasta el punto de hacernos hijos de Dios!

       Ya los santos padres resumían el misterio de la Navidad diciendo: “¡El Hijo de Dios se hizo hombre para ser al hombre hijo de Dios!”.

       Ahora nos toca perseverar, crecer, en esta condición nuestra hasta la santidad, a la que el Señor llama a sus hijos.                                                                 

                                                                                              ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:45  | Espiritualidad
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