Viernes, 12 de febrero de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo sexto del Tiempo Ordinario B ofrecida par el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Pinero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 6º del T. Ordinario B

 

La situación de aquel hombre que se acerca a Jesucristo, era terrible. ¡Se trata de un leproso! En la primera lectura escuchamos lo que decía la Ley de Moisés acerca de estos enfermos. El leproso era un hombre maldito ante Dios y ante los demás. Tenía que vivir “fuera del campamento”. Y tenía que estar gritando: “¡Impuro, impuro!”. Era una enfermedad contagiosa e incurable hasta hace, relativamente, poco tiempo. Alguna vez he tenido la ocasión de ver la película “Molokay, la Isla Maldita”. Se refería al P. San Damián, “el apóstol de los leprosos”. Con ella nos podíamos hacer una idea de la vida de los leprosos hace unos siglos.

El hecho es que aquel hombre tiene la suerte de poder acercarse a Jesús y, estando muy cerca de Él, suplicarle: “si quieres, puedes limpiarme”.

Pero, ¿cómo aquel leproso puede acercarse tanto a Jesús? ¿Y cómo llegó al convencimiento de que Jesús podía curarle? No lo sabemos. Dice el Evangelio que Jesús siente lástima de aquel hombre, extiende su mano, y lo toca diciéndole: “quiero, queda limpio”.

Tocar a un leproso estaba prohibido por la Ley de Moisés; pero a Cristo no le importa quedar impuro ante la Ley. Él ha venido a traernos la Ley Nueva, la del amor.

  Tenemos que sentir lástima ante las dificultades de los demás, no acostumbrarnos a ver sufrir a la gente. Como se reza en la Liturgia de las Horas, “que el corazón no se me quede desentendidamente frío”.

El Evangelio continúa diciendo que Jesús le encarga severamente: “No se lo digas a nadie”. S. Marcos recoge con frecuencia expresiones como ésta, por el temor que tenía Jesucristo de que la gente reaccionara mal, porque no entendía  su condición auténtica de Mesías. Pero ¡qué difícil es no hablar de Jesucristo cuando hemos sido “tocados”, curados por Él! Por eso, aquel hombre, “cuando se fue, comenzó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo”.

Cuando vemos que se tambalea la práctica cristiana de mucha gente, cuando es tibio o frío el espíritu cristiano  de tantos, cuando la dimensión apostólica de la vida cristiana está prácticamente ausente en muchos lugares, ¿será que no nos hemos sentido “tocados” por el Señor, curados por Él?

¿Y por qué le dice que vaya a presentarse al sacerdote? Sencillamente, porque el sacerdote era el encargado de comprobar si se trataba de una verdadera curación, e integrarle o no, en la comunidad. Y aquel sacerdote tuvo que reconocer que Cristo, el “Profeta de Nazaret”, era capaz de curar la lepra. ¡Qué impresionante nos resulta todo!

¿Y ahora? Ya Los santos padres nos enseñaron que aquel poder extraordinario con el que Jesús realizaba tantas obras prodigiosas, ha pasado ahora a los sacramentos. Y en efecto, ¿qué es más difícil curar a un  leproso o limpiar  de  todo pecado, por el sacramento de la reconciliación, a una persona que lleva 30 años sin confesarse, y que ha hecho de todo en la vida?

Jesús decía que el que creyera, haría “las obras que Él hacía, y aún mayores” (Jn 14, 12). ¡Y Cristo “es el mismo ayer, hoy y siempre!” (Hb 13, 8). Es necesario que nos acerquemos a Él, como el leproso; con su misma fe, con su mismo convencimiento, para que cure nuestra lepra, sea la que sea, cada uno conoce la suya.

Que en esta Jornada contra el Hambre en el mundo también nosotros, como Jesús, sintamos lástima de ese digantesco “leproso” que sufre por el hambre y muere de hambre.         

 

                                                                                                ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! 


Publicado por verdenaranja @ 11:44  | Espiritualidad
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