Viernes, 04 de junio de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo del Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

       La Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo  nos recuerda y nos centra cada año, en la realidad asombrosa del Misterio Eucarístico. ¡Nunca reflexionaremos bastante sobre su inmenso contenido!

Desde su origen, esta fiesta ha querido subrayar la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía también después de la Santa Misa. De ahí la importancia que tiene en esta celebración la Procesión del Santísimo por las calles. Este año de nuevo la pandemia no nos permite realizarla.

La Liturgia de la Palabra de cada ciclo litúrgico nos invita a reflexionar y celebrar algún aspecto fundamental de la doctrina católica sobre este sacramento admirable: la Eucaristía, Sacrificio del Señor; La Eucaristía, Alianza de Dios con su pueblo; y la Eucaristía, Banquete Pascual de los cristianos.

Este año, que es el ciclo B o II, la Celebración del Corpus centra nuestra atención en la Eucaristía como alianza de Dios con los hombres, ratificada por la Sangre de Cristo.

Ya sabemos que en la vida de los humanos hay muchas ocasiones en que se hacen necesarios los acuerdos, los pactos, las alianzas. ¡Y hace falta garantizar su cumplimiento! Cuántos ejemplos podríamos poner sobre esas garantías que avalan los acuerdos, los pactos. ¡Hasta llegar a la sangre! Esto era algo propio de las antiguas civilizaciones.

Dios, en su relación salvadora con nosotros, también se ha valido de estas realidades. En el Antiguo Testamento se fueron sucediendo distintas alianzas: con Noé, con Abrahán…, hasta llegar a la alianza con todo el pueblo elegido en el Sinaí. En la primera lectura de hoy contemplamos esa alianza, que se realiza a través de Moisés. Él es el que presenta al pueblo las condiciones del pacto. Y el pueblo responde: “Haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”. Y Moisés rocía al pueblo con sangre de animales sacrificados. ¡Esto nos da idea de la importancia y la gravedad del acuerdo!

El Evangelio nos presenta el cáliz de la Sangre de Cristo, que se derrama como Sangre de la alianza nueva y eterna.

La segunda lectura es un comentario acerca de esta alianza: “Si la sangre de machos cabríos y de toros, la ceniza de una becerra santifican con su aspersión  los profanos, devolviéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la Sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, para que demos culto al Dios vivo”.

Lo peculiar de este pacto que se realiza en la última Cena y que culmina en la  Cruz, es que se renueva y se hace presente cada vez que se celebra la Santa Misa. ¡Es como si se realizara de nuevo! Por eso, ¡nuestra participación en ella nos compromete tanto. En efecto, en cada celebración, especialmente, al terminar la Liturgia de la Palabra, también tendríamos que decir nosotros: “Haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”.

Por tanto, nuestra participación en la Eucaristía de cada domingo o de cada día tiene que hacernos mejores. ¡Y eso tiene que notarse después en la vida de cada día!

Los términos de la alianza se refieren al amor a Dios y a los hermanos, que es la síntesis de nuestro compromiso cristiano. Por eso las grandes celebraciones eucarísticas suelen estar relacionadas con algún aspecto de la dimensión caritativo–social de la Iglesia. Así, en el Corpus celebramos el Día Nacional de Caridad y el Jueves Santo, el Día del Amor Fraterno.

En efecto, reconocer y adorar la presencia de Cristo en la Eucaristía ha de purificar nuestros ojos y nuestro corazón para reconocerle después presente en los hermanos, especialmente, en los que sufren y en los pobres y para tener la fortaleza y el acierto necesario a la hora de realizarlo.

En este tiempo en que nos encontramos en una crisis tan grande y tan grave, las necesidades se han multiplicado y urgen nuestra caridad.

En medio de tantas dificultades y sufrimientos, nos alegra constatar la respuesta positiva de tantos cristianos y personas de buena voluntad y también de tantas asociaciones e instituciones de la Iglesia y de la sociedad, especialmente, de Cáritas. ¡Todos hemos de esforzarnos por intensificarla!  

¡Aquí, en definitiva, se manifiesta nuestro ser o no ser cristianos!            

                                                                                                                  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:05  | Espiritualidad
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