Viernes, 18 de junio de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo doce del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR·

Domingo 11º del T. Ordinario B

 

Los que entienden de estas cuestiones nos explican por qué es fácil y frecuente que se forme un temporal en el Lago de Galilea. Hay peregrinos que guardan algún recuerdo de este tipo. Cuando esto sucede en alguna peregrinación, todos se asustan, se protegen como pueden y luego lo vienen contando.

Aquello que nos narra el evangelio de este domingo, tuvo que ser muy fuerte: “las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua”. Los discípulos luchaban contra la tempestad, contra el mar embravecido, mientras Jesús estaba en la popa dormido sobre un cabezal, hasta que se deciden a despertarlo, agobiados y llenos de miedo, diciéndole: “¿No te importa que perezcamos?”

“Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: ¡Silencio, enmudece! El viento cesó y vino una gran calma”.

Era lógico que los discípulos se quedaran desconcertados y llenos de miedo y se dijeran unos a otros: “¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!”

Nosotros, los cristianos, sabemos perfectamente quién es. Es el Hijo de Dios, el que ha creado aquel Lago hermoso, aunque alguna vez produzca algún susto, pero Él lo gobierna todo con poder, como hemos recordamos en la primera lectura.

Por todo ello, reprocha a los discípulos: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”

¡Con hechos y palabras Jesús les va adentrando en el camino de la fe. Y ellos, poco a poco, se van abriendo al misterio!

Aquella barca simboliza nuestra vida, nuestra familia y la vida de la Iglesia que surca el mar de la historia. ¡Y aprendemos aquí la importancia de recordar y vivir conscientes de que en la embarcación de nuestra vida y de la vida de la Iglesia va el Señor! ¡Puede parecer que está dormido, pero está, va con  nosotros!

Y eso supone un estilo de vida: de oración, de lectura de la Palabra de Dios, de recepción frecuente de los sacramentos, de unión y vinculación intensas con el Señor y con los hermanos…

Nos dice el Evangelio que otras barcas lo acompañaban. Pero sólo en una de ellas va el Señor.

Así sucede muchas veces: Que no siempre va el Señor en la barca de nuestra vida porque puede parecernos que no lo necesitamos o, sencillamente, que no nos interesa; que, por nosotros mismos, somos capaces de defendernos de todas las tempestades. ¡Lo característico de nuestra época consiste en echar a Dios de casi todas partes! ¡Reducirlo a las iglesias para los nostálgicos! ¡Y así nos va!

¡A todos nos hace sufrir el “sueño de Jesús”, el “silencio de Dios!” ¡Tantas veces parece que está dormido!, ¡que no está!, ¡que no dice nada!

Sin embargo, en medio de todo ello y, cuando llegue el momento, Él nos responde con un amor inmenso, nos atiende con calma,  y no va adentrando en el misterio…

Además siempre podemos despertarle…, aunque nos reproche nuestra falta de fe.

Recuerdo aquel canto que dice: “Cristo está conmigo, junto a mi va el Señor, me acompaña siempre, en mi vida, hasta el fin”. Y las estrofas van diciendo: Ya no temo, Señor, la tristeza, la soledad, la noche, la muerte y la eternidad… Es un canto fácil y muy bonito.

También en el salmo 22 proclamamos: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo”.

Con el salmo responsorial demos gracias al Señor porque, a pesar de todo, Él sigue en nuestra barca en el mar de Galilea de nuestra vida de cada día.

                                                                                                               ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

                                                               


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DOMINGO 12º DEL T. ORDINARIO B             

MONICIONES 

 

 

 

PRIMERA LECTURA

      Escuchamos en esta primera lectura un fragmento breve del libro de Job, que nos prepara para escuchar el Evangelio. En esta lectura se nos presenta a Dios como dominador de las fuerzas de la naturaleza, concretamente, del mar. En el Evangelio veremos como Jesús domina también las olas del mar, para salvar a sus discípulos.

 

SEGUNDA LECTURA

      Escuchemos ahora unas palabras de S. Pablo inspirado por el Espíritu Santo, y que, por ello, son palabra de Dios. En ellas nos habla de la vida nueva que Jesucristo nos ha dado y de las exigencias que eso lleva consigo. 

 

TERCERA LECTURA

      Aclamemos ahora con el canto del aleluya a Cristo el Señor que tiene poder sobre el viento y las olas del Lago de Galilea.     

 

COMUNIÓN

      Los santos padres nos enseñaron que aquel poder con el que Jesucristo realizaba los grandes milagros, ha pasado ahora a los sacramentos de la Iglesia.

      En la Comunión, Jesús, el Señor, nos alimenta con su mismo Cuerpo y Sangre, para que tengamos fuerza sobreabundante en nuestras luchas de cada día.     


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Viernes, 11 de junio de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo undécimo del Tiempo Ordinario ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo XI del T. Ordinario B

 

Es este un misterio sobre el que nunca reflexionaremos bastante: Dios, para realizar su obra de salvación en el mundo, ha querido valerse de lo frágil, de lo sencillo, de lo humano; incluso de lo inútil.

Para realizar la redención de los hombres, se hizo  hombre; frágil y débil como nosotros: igual en todo a nosotros, menos en el pecado.

No usa un lenguaje elevado, grandilocuente, difícil de entender, sino que habla valiéndose de comparaciones sencillas -las parábolas-, que todo el mundo entiende. Es lo que contemplamos en el Evangelio de este domingo.

Ahora, en la vida de la Iglesia, tampoco busca un grupo de selectos ni prefiere a las personas importantes, poderosas o influyentes, sino, más bien, a la gente sencilla.

Eso mismo observamos en los signos sacramentales: agua, pan, vino, aceite…, y los divinos misterios son realizados por hombres frágiles como nosotros. Y, sin embargo, a través de estos signos, llegan a nosotros los dones de la salvación.

Se ha valido, incluso de lo inútil, de lo que, humanamente no cuenta. Por ejemplo, cuando elige a una mujer estéril de la que, sin embargo, surge un héroe como Sansón, un profeta como Samuel o el mismo Juan, el Precursor del Señor. Incluso, para hacerse hombre, elige a una mujer que no conoce varón.

S. Pablo nos advierte que “llevamos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria, es de Dios y no proviene de nosotros” (2 Co 4, 7).

Y nos dice también: “Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario…” ( 1 Co 12, 6-29).

¡Por todo ello, la Iglesia, la familia de Jesús  está abierta todos; todos podemos pertenecer a ella!

Y esto es lo que contemplamos en la Liturgia de este domingo: Jesús compara su Reino a una semilla pequeña pero  que encierra una potencia extraordinaria. Sin que sepamos cómo ni por qué, va germinando ella sola, de día y de noche, hasta dar fruto.

Algunos llaman a este texto la parábola del optimismo apostólico. Por muy desanimados que estemos, no podemos olvidar la capacidad enorme que tiene la semilla, la Palabra, el Reino…, para irse desarrollándose por sí mismo, él solo.

También compara el Señor su Reino a la semilla más pequeña, que se conocía entonces en su tierra, un grano de mostaza, que, siendo tan insignificante, se convierte en un arbusto considerable, que es capaz de albergar a los pájaros del cielo.

Ya en la primera lectura, el profeta Ezequiel anuncia esta misma realidad, cuando nos habla de una rama tierna de la cima de un alto cedro que Dios plantará en la montaña más alta de Israel para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble, porque Él “humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos”. Se anunciaba así, a un tiempo, la próxima venida de un rey y los tiempos del Mesías.

No cabe duda de que este mensaje no concuerda con los intereses, los valores, la mentalidad de la gente de hoy, de la sociedad actual. Esta es la sociedad del poder y del tener; la sociedad de los cargos, de los títulos, de las recompensas. ¡La sociedad de las apariencias!

Pero constatamos aquí que, con frecuencia, los caminos del Señor no son nuestros caminos. (Is 55,8-9).

Como Jesús, también nosotros debemos dar gracias y alabar al Padre que ha escondido los secretos del Reino a los sabios y entendidos y se los ha revelado a la gente sencilla. (Lc 10, 21).                                                                   

                                                                                                ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 14:05  | Espiritualidad
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DOMINGO 11º DEL TIEMPO ORDINARIO B

 MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA

El profeta anuncia los tiempos mesiánicos, mediante la imagen de una rama del “alto cedro”, que se convertirá en un cedro grande y fuerte, porque el Señor “humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes”. 

 

SEGUNDA LECTURA

Nos dice S. Pablo que los cristianos tenemos una seguridad tan grande en los bienes del Cielo, “que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor”. Y además, “en destierro o en patria, nos esforzamos por agradarle”.

 TERCERA LECTURA

Nos dice el Evangelio que Jesús “les exponía la Palabra, acomodándose a su entender. Todo se los exponía en parábolas, pero a los discípulos se lo explica-ba todo en privado”.

Aclamémosle ahora al Señor, con el canto del aleluya. 

COMUNIÓN

Con unos medios sencillos, pobres y frágiles, el Señor nos hace llegar sus dones. Es lo que sucede ahora, en la Comunión: Bajo las especies eucarísticas  recibimos el Cuerpo y Sangre de Cristo, que, de este modo, nos alimenta y fortalece, para que demos fruto abundante.

 


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Viernes, 04 de junio de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo del Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

       La Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo  nos recuerda y nos centra cada año, en la realidad asombrosa del Misterio Eucarístico. ¡Nunca reflexionaremos bastante sobre su inmenso contenido!

Desde su origen, esta fiesta ha querido subrayar la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía también después de la Santa Misa. De ahí la importancia que tiene en esta celebración la Procesión del Santísimo por las calles. Este año de nuevo la pandemia no nos permite realizarla.

La Liturgia de la Palabra de cada ciclo litúrgico nos invita a reflexionar y celebrar algún aspecto fundamental de la doctrina católica sobre este sacramento admirable: la Eucaristía, Sacrificio del Señor; La Eucaristía, Alianza de Dios con su pueblo; y la Eucaristía, Banquete Pascual de los cristianos.

Este año, que es el ciclo B o II, la Celebración del Corpus centra nuestra atención en la Eucaristía como alianza de Dios con los hombres, ratificada por la Sangre de Cristo.

Ya sabemos que en la vida de los humanos hay muchas ocasiones en que se hacen necesarios los acuerdos, los pactos, las alianzas. ¡Y hace falta garantizar su cumplimiento! Cuántos ejemplos podríamos poner sobre esas garantías que avalan los acuerdos, los pactos. ¡Hasta llegar a la sangre! Esto era algo propio de las antiguas civilizaciones.

Dios, en su relación salvadora con nosotros, también se ha valido de estas realidades. En el Antiguo Testamento se fueron sucediendo distintas alianzas: con Noé, con Abrahán…, hasta llegar a la alianza con todo el pueblo elegido en el Sinaí. En la primera lectura de hoy contemplamos esa alianza, que se realiza a través de Moisés. Él es el que presenta al pueblo las condiciones del pacto. Y el pueblo responde: “Haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”. Y Moisés rocía al pueblo con sangre de animales sacrificados. ¡Esto nos da idea de la importancia y la gravedad del acuerdo!

El Evangelio nos presenta el cáliz de la Sangre de Cristo, que se derrama como Sangre de la alianza nueva y eterna.

La segunda lectura es un comentario acerca de esta alianza: “Si la sangre de machos cabríos y de toros, la ceniza de una becerra santifican con su aspersión  los profanos, devolviéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la Sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, para que demos culto al Dios vivo”.

Lo peculiar de este pacto que se realiza en la última Cena y que culmina en la  Cruz, es que se renueva y se hace presente cada vez que se celebra la Santa Misa. ¡Es como si se realizara de nuevo! Por eso, ¡nuestra participación en ella nos compromete tanto. En efecto, en cada celebración, especialmente, al terminar la Liturgia de la Palabra, también tendríamos que decir nosotros: “Haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”.

Por tanto, nuestra participación en la Eucaristía de cada domingo o de cada día tiene que hacernos mejores. ¡Y eso tiene que notarse después en la vida de cada día!

Los términos de la alianza se refieren al amor a Dios y a los hermanos, que es la síntesis de nuestro compromiso cristiano. Por eso las grandes celebraciones eucarísticas suelen estar relacionadas con algún aspecto de la dimensión caritativo–social de la Iglesia. Así, en el Corpus celebramos el Día Nacional de Caridad y el Jueves Santo, el Día del Amor Fraterno.

En efecto, reconocer y adorar la presencia de Cristo en la Eucaristía ha de purificar nuestros ojos y nuestro corazón para reconocerle después presente en los hermanos, especialmente, en los que sufren y en los pobres y para tener la fortaleza y el acierto necesario a la hora de realizarlo.

En este tiempo en que nos encontramos en una crisis tan grande y tan grave, las necesidades se han multiplicado y urgen nuestra caridad.

En medio de tantas dificultades y sufrimientos, nos alegra constatar la respuesta positiva de tantos cristianos y personas de buena voluntad y también de tantas asociaciones e instituciones de la Iglesia y de la sociedad, especialmente, de Cáritas. ¡Todos hemos de esforzarnos por intensificarla!  

¡Aquí, en definitiva, se manifiesta nuestro ser o no ser cristianos!            

                                                                                                                  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:05  | Espiritualidad
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SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

            En la antigüedad los pactos se sellaban, a menudo, con sangre. En la lectura que vamos a escuchar, contemplamos cómo Dios hace alianza con el pueblo de Israel, liberado de la  esclavitud de Egipto, y es ratificada  con la sangre de animales sacrificados.

 

SEGUNDA LECTURA

            La alianza nueva y definitiva de Dios con los hombres, no se sella con sangre de animales, sino con la misma Sangre de Cristo, que es la única que tiene poder para purificar el interior del hombre.

 

SECUENCIA

            La Secuencia de Corpus es un himno antiguo al Misterio Eucarístico. Lo hacemos en su forma más breve. Unámonos de corazón a esta oración de la Iglesia.

 

TERCERA LECTURA

            Sintámonos presentes en la Cena del Señor con sus discípulos. Él entrega su Cuerpo que va a ser sacrificado y su Sangre que va a ser derramada. Cada vez que nos reunimos para  celebrar la Eucaristía, se actualiza lo que Jesús hizo entonces: Su Sacrificio Redentor.

     Aclamémosle con el canto del aleluya.

 

OFRENDAS

        En este día de Corpus, Jornada Nacional de Caridad, presentamos al Señor, junto con el pan y el vino, nuestras aportaciones económicas, para ayudar a nuestros hermanos más necesitados.

 

COMUNIÓN

            En la Comunión recibimos el "Corpus Christi", el Cuerpo de Cristo. Así llegamos al punto culminante de nuestra participación en la Alianza con el Señor. Que Él nos ayude a vivir pendientes de todos los miembros de su Cuerpo Místico, especialmente, de los que sufren cualquier tipo de necesidad.


Publicado por verdenaranja @ 13:00  | Liturgia
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