Viernes, 23 de julio de 2021

Reflexión a las lecturas de la fiesta del Apóstol Santiago ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"                                      

El Apóstol Santiago

 

La Liturgia de esta Solemnidad del Apóstol Santiago subraya el martirio del primero de los apóstoles como Jesucristo les había profetizado a él y su hermano Juan: “Mi cáliz lo beberéis”.

Y la muerte de Santiago se nos presenta este día en el contexto de la vida martirial que llevaban los apóstoles como nos señalan la primera y la segunda lectura de la fiesta del patrono de España, el que nos señala, con su palabra y su ejemplo, el camino a seguir.

Es una verdadera pena –y se trata de una opinión personal-, que el Patrono de España no se celebre como fiesta en todo el territorio nacional.

El libro de los Hechos nos enseña, en la primera lectura, que “los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo”. Por eso, los detuvieron y los llevaron al Sanedrín a presencia del Sumo Sacerdote que les dice: “¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre”. Y ante esta acusación, ellos presentan la primera objeción de conciencia de la historia, que repetirán los mártires de todos los siglos: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Ellos se consumían de rabia y trataban de matarlos”. Y si no llega a ser por la intervención providencial de Gamaliel, fariseo y doctor de la ley, terminan con todos ellos. (Cfr. Hch 5, 34-40).

En la segunda lectura, San Pablo presenta un resumen impresionante de la vida de los apóstoles, y concluye diciendo: “Así la muerte está actuando en nosotros y la vida en vosotros”.

El Evangelio nos presenta una gran revelación: Ya sabemos que los apóstoles discutían con frecuencia sobre quién sería el más importante en el Reino; pero, en esta ocasión, es la misma madre de los Zebedeos la que pide a Jesús que sus dos hijos se sienten en su Reino, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Después del diálogo que todos conocemos, nos dice el texto que los otros diez, al oírlo, como es lógico, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los reúne a todos y les dice que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen, “pero que no sería así entre ellos”.

Y aquí viene lo importante: “El que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”.

¡Magnífica revelación! El Señor no rechaza, por tanto, del todo, la pretensión de aquella mujer y de sus hijos: el deseo de ser grandes e importantes, sino que les enseña el verdadero camino: una ruta desconcertante para los discípulos y para nosotros.

¡Como contrasta este camino con la mentalidad del hombre y de la sociedad de hoy: ¡Ser grandes a costa de los demás!, o por el camino de una buena carrera, un buen cargo, un buen puesto en la política; y mucho dinero, mucho bienestar, buena fama…, pero de servir y dar la vida nada.

¡Y esta mentalidad se puede contagiar y, de hecho, se contagia en la vida de la Iglesia como el virus de una epidemia! El Papa Francisco lo ha recordado más de una vez.

Pero nos queda claro, con el ejemplo de Santiago y de los demás apóstoles, después de Pentecostés, lo que tenemos que ser y hacer para ser grandes en el Reino de Dios, en la Iglesia y en el mundo: servir y dar la vida como Jesucristo nos enseñó con su palabra y ejemplo.

Y servir, lo que es servir, no es tan complicado; lo entendemos todos. Y tenemos que comenzar a practicarlo con los de casa, con los que tenemos más cerca.

Y esto lo practican muchos hombres y mujeres, también jóvenes, que dedican todo su tiempo y todo su corazón a servir y a dar la vida por los más pobres. Y el Sucesor de Pedro nos da el primer ejemplo cuando se presenta ante la Iglesia y ante el mundo como “el Siervo de los Siervos de Dios”.

 

                                                                                                ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!   


Publicado por verdenaranja @ 13:45  | Espiritualidad
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