Viernes, 20 de agosto de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo veintiuno del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 21º del T. Ordinario B

 

El Sermón del Pan de Vida concluye de un modo inesperado. A lo largo de su exposición, la gente le ha ido presentando al Señor toda una serie de objeciones, pero nadie esperaba que, al llegar al final, muchos discípulos dijeran: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” Y que, desde entonces, muchos discípulos suyos se echaran para atrás y no volvieran a ir con Él.

Pero Jesús no tiene miedo de que lo dejen solo, porque Él sabe que lo que enseña es la verdad y que, muy pronto, lo llevará todo a cabo en la Última Cena y lo entregará a los apóstoles, a la Iglesia, para que lo hagan en conmemoración suya por los siglos hasta que Él vuelva en su gloria. Y después de su Resurrección será la Eucaristía el misterio central de nuestra fe y de nuestra vida cristiana. No, no tiene miedo el Señor de quedarse solo. Por eso, les dice a los Doce con toda claridad y firmeza: “¿También vosotros queréis marcharos?” Simón Pedro le contesta: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

Pedro habla en nombre de los Doce. Y el objeto directo de su profesión de fe no es la Eucaristía sino Jesucristo: “Nosotros sabemos que tú eres el Santo de Dios”. Todo lo demás, incluso la Eucaristía, es consecuencia de su sabiduría, de su poder y de su bondad, porque Él tiene palabras de vida eterna.

Por tanto, la Santa Misa no es, simplemente, una reunión de amigos, admiradores o simpatizantes de Jesús que se reúnen para recordarlo, sino una reunión de cristianos que han hecho una opción definitiva  por Cristo y que tienen que expresarla y alimentarla en la Eucaristía que es “el gran signo” que Él nos ha dejado de su condición de Mesías.

La primera lectura nos enseña que, al llegar a la tierra prometida, Josué convoca en Siquén a los representantes de Israel y les presenta esta alternativa: “Escoged a quien servir: al Señor o a los otros dioses. Yo y mi casa serviremos al Señor. Y el pueblo contesta: “También nosotros serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios”.

De esta forma, Yahvé será el Dios de aquella tierra nueva y ellos serán su pueblo que le obedece y le ama.

Qué necesidad tenemos los cristianos, tantas veces, de hacer un alto en nuestra vida y plantearnos una alternativa parecida. De este modo, seremos verdaderos cristianos que, en el cruce de caminos de nuestra vida, hemos hecho una opción por Cristo, firme y definitiva.

¡Este el verdadero sentido de la fe en Cristo, Pan de vida!

Al llegar aquí, constatamos cómo la Eucaristía siempre ha estado envuelta en dificultades y contradicciones a lo largo de los siglos: desde que Jesús la anuncia en este discurso hasta nuestros días, en que la Santa Misa se designa muchas veces como “el problema del domingo” y donde grandes masas de cristianos no participan ni siquiera en la Eucaristía del Día del Señor. De este modo, se van alejando de Jesucristo, Pan de Vida, que es una realidad indispensable para llevar una vida cristiana auténtica.

¡Siempre, la dificultad! ¡Siempre, la contradicción! ¡Siempre, el misterio!

Nosotros, en medio de nuestras limitaciones, al terminar estas enseñanzas de Cristo, hacemos este domingo una profesión de fe, una opción por Él, y con el salmo responsorial, proclamamos: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”.

Al terminar este discurso, ¡cuántas gracias debemos darle al Señor que nos ha concedido este verano, el don de escuchar y de reflexionar sobre el misterio central de nuestra fe! Y qué provechoso sería que hiciéramos un esfuerzo por retener y meditar tantas cosas como nos ha enseñado.

La Virgen María fue llamada por el Papa San Juan Pablo II “la Mujer Eucarística” en un documento importante. Siempre podemos y debemos contar con su ejemplo y con su valiosa intercesión.

                                                                                                  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:45  | Espiritualidad
 | Enviar