Viernes, 03 de septiembre de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo veintitrés del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 23º del T. Ordinario B 

 

¡Ser sordo, ser mudo o ser ciego…, es algo terrible! El Evangelio de hoy nos presenta la curación de un sordomudo: “Un sordo, que, además, apenas podía hablar”.

En la primera lectura, el profeta anuncia los tiempos del Mesías diciendo: “Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, entonces saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará”. Y algo de eso es lo que contemplamos en el Evangelio de hoy. San Marcos se detiene a contarnos cómo cura el Señor a un sordomudo. Era lógico que la gente, que estaba entusiasmada ante los signos del Señor, dijera: “¡Todo lo ha hecho bien: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos!”.

Pero hay muchas clases de sordera. Ésta no es sólo física. Hay también, a veces, una sordera en la conducta. ¡Y también hay una sordera espiritual! ¿No será ésta la peor de todas las sorderas?

Somos sordos o nos hacemos el sordo muchas veces a la hora de relacionarnos con Dios, de escucharle y de hacer su voluntad.

Y si somos “sordos” para escuchar a Dios, seremos también “mudos” para hablar de Él. A veces, una madre lleva a su niño al médico porque ha pasado el tiempo necesario y no ha comenzado a hablar. El médico examina al niño y le dice a la madre: “El niño no es mudo sino sordo. Al no poder oír, no puede aprender a hablar. ¡Pero estamos a tiempo! ¡Ya verá vd. como el niño va a hablar!”

Si por el tiempo en que comienza el curso pastoral vamos por las parroquias, nos daremos cuenta de la cantidad de “sordos” que hay:

 Se expone a la comunidad la necesidad que existe de voluntarios para la catequesis, para atender a los pobres (cáritas), para la liturgia en sus diferentes aspectos, etc, y, por lo menos, en algunos lugares, qué pocos son los que se comprometen. ¡Y qué fácil es encontrar excusas!

Si todos los cristianos, lo fuéramos de verdad, nos comprometeríamos voluntaria y espontáneamente, como hacen muchos, y ya no estaríamos necesitados de muchos más.

El Señor no nos da el Espíritu con medida (Jn 3, 34), sino abundantemente, y no quiere que su Iglesia carezca de ningún don; pero, si no compartimos los dones que hemos recibido de Dios para nuestro servicio a la comunidad, los carismas, ésta no puede marchar bien, hará falta de todo.

Es, por tanto, urgente hacernos una “audiometría espiritual” para ver qué tal están nuestros oídos en la vida del espíritu, en nuestra relación con Dios y con los hermanos.

No podemos olvidar que el mismo Jesús que curó al sordomudo, nos puede curar también a nosotros de esa sordera tan mala.

Sin embargo, esto que comentamos, no puede oscurecer la realidad de tantas personas, jóvenes y mayores, incluso, niños y adolescentes, que trabajan en nuestras comunidades en la triple misión de la Iglesia: evangelización, culto y caridad.

Así, la organización eclesial de Cáritas se ha convertido en un referente en todo el país, también en este tiempo de epidemia, y han sido muchos los que se han entregado al servicio de los demás, al servicio de los hermanos, en estas circunstancias difíciles, aún con grave riesgo de sus vidas.

¡Demos gracias a Dios que a todos nos llama a trabajar en su viña! 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:55  | Espiritualidad
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