S?bado, 02 de octubre de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo veintisiete del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 27º del T. Ordinario B

 

La cuestión del divorcio no es nueva. En el país de Jesús también se discutía sobre el divorcio. Y también había una especie de “ley de divorcio” que daba la posibilidad de dar a la mujer el “acta de repudio” y casarse con otra. Es lo que contemplamos en el Evangelio de este domingo en el que unos fariseos, con mala intención, van a pedirle al Señor su opinión sobre este tema: “¿Le es lícito a un hombre repudiar a su mujer?”

La respuesta del Señor es admirable. Va a la raíz de la cuestión planteada: El matrimonio no es un invento humano que se deja a la libre voluntad de cada uno. Dios es el Creador del matrimonio, y lo dotó de propiedades y normas propias de acuerdo con su naturaleza.

¿Y quién entiende más de una cosa que el que la hizo? Cuando manejamos, por ejemplo, un electrodoméstico cualquiera, tenemos que adaptarnos a las normas del que lo fabricó, porque, de lo contrario, se quema o se estropea enseguida.  

Y además, si se unen el hombre y la mujer para formar “una sola carne”, ¿quién podrá separar lo que es una sola carne, una sola cosa?

Por eso, cuando en la casa los discípulos vuelven a preguntarle sobre lo mismo, Jesucristo les dice que el que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio y en el caso de la mujer, lo mismo.

¡Así es el matrimonio cuando sale de las manos de Dios! ¡Y la liturgia de hoy nos aproxima a esa realidad maravillosa!

A pesar de todo, modernamente las leyes civiles han introducido el divorcio, como una solución a la problemática de la pareja que no marcha bien. 

Pero más que discutir de normas y leyes, el cristiano busca en la Palabra de Dios y en la doctrina de la Iglesia, la verdadera respuesta. Y es ésta: “La Iglesia, acogiendo y meditando fielmente la Palabra de Dios, ha enseñado solemnemente y enseña que el matrimonio de los bautizados es uno de los siete sacramentos de la Nueva Alianza”. (San Juan Pablo II. F. C. 13). Es decir, que el matrimonio en la Iglesia es fuente de gracia y de ayuda para los esposos cristianos. ¡Y esta es la Buena Noticia que la Iglesia, de oriente a occidente, anuncia cada día en el mundo!

Pero los sacramentos, para ser provechosos, necesitan una adecuada preparación, celebración y vivencia. Me preocupa mucho la preparación de los novios para el matrimonio y me suelo entender bien con “las parejas de hecho”, que, con frecuencia, suelen acoger la Buena Noticia del Matrimonio Cristiano cuando se les presenta de un modo adecuado.

¡Cuántas gracias hemos de darle al Señor por el don del matrimonio y porque hace posible que tantos matrimonios vivan felices!

Pero no podemos olvidar que son también muchos los que, a pesar de todo, no han conseguido, en su matrimonio, el bienestar que soñaron. La Iglesia, a la que llamó el Papa San Juan XXIII “Madre y Maestra”, al exponer su doctrina, no mira con dureza e insensibilidad a los que, en su matrimonio, han tenido que optar por otro camino. (San Juan Pablo II. F. C. 84).

El salmo 127, que usamos este domingo de salmo responsorial, canta el bienestar familiar del que teme al Señor y sigue sus caminos.

                                                                                                           ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:09  | Espiritualidad
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