Viernes, 25 de febrero de 2022

Reflexión a las lecturas del domingo octavo del Tiempo Ordinario ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo VIII del T. Ordinario C

                                    

¡Cuántas cosas nos enseña el Evangelio de este domingo!

Pero,  entre todas, quiero centrar mi reflexión de hoy en la necesidad de ser un árbol bueno que dé buenos frutos. Porque, a la hora de la verdad, es lo fundamental; porque no se queda todo en meras ilusiones, en buenos propósitos, en simples palabras... El fruto, cuando existe, está ahí: se ve, se toca y se aprovecha; y cuando no existe, se nota, con toda claridad, su ausencia. ¡Y muchos frutos es lo que más  necesita hoy la Iglesia y la sociedad! ¡Se suele decir, con frecuencia, que la Iglesia tiene necesidad de santos!

Siempre digo que el agricultor es paciente pero también muy exigente. Recuerdo unos lugares donde estuve de párroco, en los cuales la mayor parte de la gente que cultivaba la tierra, se había ido a otro sitio. Necesitaban algo más rentable, más seguro que la agricultura, algo que garantizara la subsistencia de la familia y las demás necesidades de la casa. El fin de semana y otros días libres iban para allá y atendían, en la medida de lo posible, los trabajos del campo.

Nos dice el Evangelio que lo fundamental para el Señor, celestial agricultor, es que demos fruto: “Yo os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure” (Jn 15, 16). Y también: “Yo soy la vid verdadera y el Padre es el viñador; a todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca y a todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto” (Jn 15, 5). Por tanto, no se trata sólo de dar fruto, sino de dar más fruto, el máximo fruto.

Y nos dice el Señor que hay árboles que dan frutos malos. Es la situación de aquellos que se dedican, especialmente, a fijarse en lo que hacen los demás. Y, a veces, los juzgan duramente, los desprecian, los señalan… Se fijan en la mota que tiene el hermano en su ojo y no se dan cuenta de la viga que llevan en el suyo, como nos advierte el Evangelio de este domingo.

Por este camino es fácil que se conviertan en “guías ciegos” de los demás. Y sus palabras no pueden ser buenas y aleccionadoras porque dice el Señor que “de lo que rebosa del corazón habla la boca”.

Está claro que tenemos que cuidar al máximo nuestro corazón, de hacer todos los esfuerzos y buscar la ayuda de Dios, para que tengamos un corazón bueno de verdad. Entonces nuestra vida cristiana queda garantizada. Dará siempre frutos buenos, los mejores frutos.

Jesucristo, el Señor, es aquel que ha dado más fruto, mejor fruto. A la Virgen le decimos: “Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”. Los santos nos muestran cada día, de mil formas distintas, hasta qué punto un cristiano puede dar fruto, y así, presentan el mejor rostro de la Iglesia. Por eso en momentos de tanta dificultad y de tan malos ejemplos como los nuestros, tenemos más necesidad de contemplar a los que hacen el bien, a los santos, que se encuentran, incluso, en la puerta de al lado.

Y además, en la vida de la Iglesia es importante contar con buenos guías que no sólo no sean ciegos sino llenos de luz y de vida, para que ayuden a los hermanos con su palabra y su testimonio de vida, a dar fruto abundante. Es la dirección o el acompañamiento espiritual. La Iglesia valora mucho este ministerio. Cada día podemos comprobar su importancia, su eficacia y su belleza. Sin embargo, hay personas que no lo entienden, que huyen de todo lo que suponga compartir con otra persona, aunque sea un sacerdote, su situación espiritual.

En nuestro tiempo se ha revalorizado mucho la Exhortación Apostólica de San Pablo VI, “Evangelii Nuntiandi” (8-12-1975). Nos viene muy bien ahora recordar lo que el Papa escribía en el núm 41: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan…, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”, es decir, que dan fruto, que lo concretan todo en obras.

A mí me impresiona mucho la insistencia de Jesús, en el Evangelio de San Juan, a sus obras: “Y si no creéis en mí, creed a las obras” (Jn 10, 37-38).

¡Qué bien nos viene el Tiempo de Cuaresma que va a comenzar el próximo miércoles, para avanzar en lo que San Lucas nos presenta, en estos tres últimos domingos, en el llamado Sermón de la llanura.

 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:25  | Espiritualidad
 | Enviar
Viernes, 18 de febrero de 2022

 Reflexión a las lecturas  del domingo séptimo del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo VII del T. Ordinario C

 

En medio del Sermón de la llanura de S. Lucas que comenzábamos el domingo pasado, el evangelista nos presenta hoy una página que a todos nos resulta un tanto difícil de comprender y llevar a la práctica. Es el tema del perdón.

El Señor Jesús nos habla muchas veces del perdón; unas veces nos señala unos motivos, otras veces, otros. Hoy nos dice que los cristianos tenemos que perdonar y llevar un estilo de vida diferente porque somos hijos del Altísimo que es “bueno con los malvados y desagradecidos”. Y que tenemos que ser “compasivos como el Padre es compasivo”.

Esta cuestión tan compleja, que ha hecho tropezar a tantos en la vida cristiana, hemos de situarla en un contexto más amplio: lo fundamental e imprescindible para el cristiano es el amor. El perdón es una de las expresiones más grandes de aquel amor que “disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites” (1 Co 13, 7). Y hemos de hacer todos los esfuerzos para convencernos, de una vez para siempre, de que si no tenemos amor, no somos nada y de nada nos sirve lo que hagamos por grande que sea. Me gusta mucho un canto que recoge esta doctrina de San Pablo (1 Co, 13, 1-4): “Aunque yo dominara las lenguas arcanas…”

Lo fundamental, por tanto, está en que no podemos presentarnos como cristianos, es decir, como discípulos de Jesucristo, y llevar una forma de vida diferente de la del Padre del cielo que se ha manifestado, especialmente, en Jesucristo, su Hijo, que ha venido para salvarnos y para enseñarnos a vivir como auténticos hijos de Dios y, por tanto, como verdaderos hermanos. Por eso me afecta mucho ver a gente de Iglesia que se cierra a esta enseñanza fundamental del Señor.

Con mucha frecuencia recuerdo lo que S. Juan Pablo II nos enseña en la Encíclica “Dives in Misericordia”, (Dios), “rico en misericordia”. En ella dice el Papa que no basta la justicia para resolver las cuestiones difíciles en la sociedad y en la Iglesia; que, para ello, hace falta introducir el perdón y la misericordia (12 y 14).

Me parece que sin perdón y sin misericordia no puede subsistir ninguna realidad en la sociedad y en la Iglesia: una familia, una comunidad religiosa, un grupo parroquial, una pequeña empresa… Se necesita del perdón y de la misericordia porque todos somos frágiles y, con mucha frecuencia, necesitamos también nosotros del amor y del perdón de los demás.

Cuando me encuentro con alguna persona a la que le resulta especialmente difícil perdonar, le recuerdo, entre otras cosas, a aquel obispo alemán (no sé su nombre), que dejó en su testamento que si había ofendido a alguien, le perdonara por amor a Jesucristo.

El perdón es también teologal y se orienta a Dios y se convierte en una ofrenda agradable a sus ojos que miran siempre con agrado al que, como Él, practica la misericordia. Y conviene recordar que perdonar no supone que la ofensa tenga menos importancia o que el que la ha hecho no tenga culpa, etc. Se trata de un ejercicio de amor a Dios y al hermano, que trasciende las realidades humanas. Se trata también de un servicio excelente al que ha ofendido y que, tal vez, está ya arrepentido y necesitado de recobrar, por el perdón, la paz, especialmente, cuando ya ha pedido perdón.

La conocida expresión “yo perdono pero no olvido”, puede expresar que el perdón no es auténtico o también la condición de nuestra naturaleza que recuerda siempre, de un modo u otro, los hechos pasados. Pero hay que hacer todos los esfuerzos por comprender y por olvidar.

¡Cuánto nos queda que comentar sobre estos textos tan hermosos! Baste recordar que este es el camino para avanzar hacia la “civilización del amor”, de la que hablaba ya el Papa San Pablo VI.

Termino con una oración a la Virgen, maestra del perdón y de la misericordia, que conocí hace  tiempo y que, entras cosas, dice:

“Santa María, Madre de Dios, consérvame un corazón de niño, puro y cristalino como una fuente…, fiel y generoso, que no olvide ningún bien ni guarde rencor por ningún mal…, un corazón grande e indomable, que con ninguna ingratitud se cierre, que con ninguna indiferencia se canse… Amén. 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:08  | Espiritualidad
 | Enviar
Jueves, 17 de febrero de 2022

Desde la Delegación de Liturgia Diocesana de Tenerife  nos hacen llegar  Guía con algunas  sencillas sugerencias para este tiempo fuerte que pronto iniciaremos con toda la Iglesia. 

 

MIERCOLES DE CENIZA: nos disponemos a iniciar el camino…

INDICACIONES. Si hay ministros suficientes, o con miembros de la comunidad; niños, jóvenes, adultos… se puede organizar una procesión de entrada que simboliza el inicio del camino cuaresmal. Se porta delante la cruz, algunas velas a los lados, luego el libro de la Palabra de Dios (o Evangeliario) y el recipiente de las cenizas (que se colocarán en un lugar visible y que en su momento serán bendecidas). Se inicia después de la monición ambiental y, mientras, se cantan las letanías de los santos, siguiendo una antigua tradición de la Iglesia, para que ellos también nos ayuden en el camino personal y comunitario de conversión. En caso que la procesión de inicio sea acompañada por el incensario, al llegar al presbiterio se inciensa la Cruz y el Altar y se espera hasta terminar las letanías.

Monición ambiental:

Hermanos y hermanas, hemos sido convocados por la Iglesia, en este miércoles llamado de ceniza, para iniciar el camino cuaresmal y bajo el lema este año: dispuesto para volver a casa. Este itinerario cuaresmal nos conducirá a la fiesta de las fiestas: La Pascua.

En ella renovaremos nuestro bautismo, la llamada a la santidad como discípulos misioneros. Este tiempo de 40 días, nos ayudará a dejar todo aquello que nos impide caminar. En la mochila de nuestra vida llevamos muchas cosas, muchos pesos, muchas experiencias de sufrimiento, desaliento, cansancio, tristeza, egoísmo, de pecado…
Así, conscientes de nuestra verdad, pero con alegría, dispuestos para volver a Casa, recorreremos el camino cuaresmal a la luz de la palabra de Dios… Dejaremos que ella nos sacuda de nuestra modorra en la fe, nos renueve en la esperanza y nos acerque de nuevo a la Casa, donde nos espera nuestro Señor, porque él es el Dios de las mil oportunidades, de los mil abrazos, su misericordia no se cansa, ni se agota; es eterna y te espera.
Significamos este ponernos en camino hacia la Casa del Padre, siguiendo una antigua tradición en la Iglesia, con la imposición de la ceniza y con la invocación a nuestros hermanos los santos. Que ellos nos ayuden con su testimonio e intercesión a llegar con un corazón nuevo a la Pascua.

Canto de las letanías de los santos. Añadir aquellos santos o beatos más cercanos a la comunidad que celebra.

Primer domingo: TENTADOS
6 de marzo


Monición ambiental
Hermanos y hermanas, nos disponemos a iniciar la celebración de la Eucaristía en este primer domingo de Cuaresma. El miércoles de Ceniza comenzamos este camino de gracia y conversión con un gran deseo de disponernos para volver a la Casa del Padre. Decir Casa del Padre, es decir camino de retorno al Señor, a una vida más con sabor a evangelio, de coherencia, de testimonio…donde Dios no sea algo, sino Alguien. Que sea verdaderamente mi Señor y que reconozco en el prójimo. El camino de la vida, el ambiente que nos envuelve; nos seduce, nos distrae, nos confunde… Somos tentados de replegarnos hacia nosotros mismos.
El Espíritu Santo es también protagonista en nuestro camino cuaresmal y nos conduce, abriéndonos una senda y fortaleciéndonos en medio de las tentaciones, de las luchas cotidianas por ser fieles a Jesús. Él nos acompañará en medio del desierto de la Cuaresma, para que leguemos con un corazón nuevo a la Pascua.
Iniciemos la celebración puestos en pie y con el canto.

Oración para la poscomunión

Señor Jesús, en medio de este momento, sosegado,
íntimo y personal te abro mi corazón.
Yo también, quiero acompañarte al desierto, a la soledad, al silencio…
Lo necesito.
Lo reconozco Señor, yo también soy tentado constantemente.
Hay muchos ruidos, voces, seducciones que me desorientan y confunden.
Cada día me asaltan tentaciones de egoísmo, de mirarme a mí mismo,
de apartar los ojos de ti y de mis hermanos.
La astucia del Maligno, hiere mi fe, esperanza y caridad.
Me seduce el tener, más de lo que necesito.
Me seduce el aparentar, más que ser yo mismo.
Me seduce el dominio, más que servir.
Pero en medio de esta lucha constante,
quiero agradecerte por tanto y tanto.
Gracias Señor por el silencio, puerta abierta para escucharte.
Gracias Señor por la soledad, oportunidad para encontrarte.
Gracias Señor por la compañía del Espíritu Santo, fortaleza y aliento.
Gracias Señor por esta cuaresma, camino de vuelta a tu casa, nuestra casa.
Gracias Señor porque despiertas en mi la alegría de levantarme y ponerme en camino a tu Corazón misericordioso.
Gracias Jesús, porque tu victoria sobre las tentaciones, las seducciones,
es mi victoria.
Amén.


segundo domingo: TRANSFIGURADOS
13 de marzo


Monición ambiental

Hermanos y hermanas, si el domingo anterior veíamos a Cristo precediéndonos al desierto, como parábola de esta vida, en la que luchamos y sufrimos tantas pruebas, y animándonos a afrontarlas. En este segundo domingo del camino cuaresmal nos disponemos a subir a una montaña: LA EUCARISTIA. Ella es fuente y cumbre de nuestra vida cristiana, nos recuerda la Iglesia.
Necesitamos subir a este monte santo para encontrarnos con el Señor y escuchar su Palabra, recibir la fuerza de su Cuerpo y Sangre. El nos toma como un día a sus íntimos Pedro, Juan y Santiago y nos trae aquí para manifestarnos la belleza de su rostro, para invitarnos a dejarnos transfigurar en este tiempo de conversión por la fuerza de su palabra, por la fuerza de la hermosura de su misericordia, por la fuerza del Pan Vivo de su Cuerpo.
Él tiene el poder de transfigurarlo todo, de hacer nueva todas las cosas, nuestro corazón, nuestras vidas, nuestras relaciones,
Con El amanece la esperanza, los sueños, las nuevas oportunidades.
En este domingo también tendremos muy presente la jornada de Hispanoamérica. Una jornada para recordar especialmente a los sacerdotes
españoles que han salido de sus diócesis de origen para colaborar con la Iglesia católica en Latinoamérica, en tantos servicios de evangelización y promoción humana.
Iniciemos la celebración puestos en pie y con el canto.


Oración para la poscomunión

Señor Jesús, en medio de este momento, sosegado,
íntimo y personal te abro mi corazón.
Yo también, quiero acompañarte al Monte Alto, monte de silencio, soledad, encuentro, transfiguración y misión.
Como ellos, Pedro, Santiago y Juan, me siento privilegiado de tu amistad, de subir contigo.
Necesito alejarme, hacer distancia de lo habitual, subir contigo,
para volver a bajar contigo al lugar de siempre, con renovada entrega.
Necesito subir al Monte de tu presencia, hermosa, bella, llena de Luz.
Necesito contemplar tu belleza única, el mundo me presenta bellezas seductoras y engañosas.
Señor, en esta cuaresma, ven a poner tu colirio en mis ojos cansados y ciegos…
Necesito ver más allá de las apariencias, de la corteza de las personas y acontecimientos, de la Iglesia y el mundo.
Descúbeme la belleza que hay en cada hermano y también en mí, en la comunidad eclesial y también en el mundo.

Por eso, te pido Señor; transfigura mi mirada,
transfigura mi pensamiento,
transfigura mi palabra,
transfigura mis gestos,
transfigura mi corazón.

Así, quien me ve, te pueda ver a Ti, escuchar a Ti, sentir a Ti.
Gracias Señor por invitarme a subir al Monte de la belleza: La Eucaristía.
Gracias Señor por invitarme a bajar a Jerusalén, para servir y amar.
Gracias Señor, por enseñarme que se gana la vida dándola. Amén.

tercer domingo: CONVERTIDOS
20 de marzo


Monición ambiental

Hermanos y hermanas, convocados para celebrar la Eucaristía en este tercer domingo del camino cuaresmal, con la mirada siempre en la Pascua, resuena fuerte la palabra: Convertíos. Nos la dice el Señor. Es el eco de toda la cuaresma. Convertirse significa dar una vuelta, un giro a nuestra vida, más en consonancia con el Evangelio. Es dejarse podar por el Viñador, por el Señor compasivo y misericordioso. Él se acerca a cada uno, para podar, cortar los sarmientos secos, todo aquello que no sirve en nuestra vida y dar frutos de bien.
En este domingo también tendremos muy presente el día del Seminario. El Señor se acerca como a Moisés, a tantos jóvenes y les dice: Tengo visto el sufrimiento de mi pueblo, ¡Cuento contigo! Nuestra oración y ayuda económica al Seminario, siempre presente en nuestra comunidad.
Puestos en pie, y con el canto iniciemos la celebración de la Eucaristía.

Oración para la poscomunión

Señor Jesús, en medio de este momento, sosegado,
íntimo y personal te abro mi corazón.
Yo también, me descalzo ante la zarza ardiente de tu presencia en la Eucaristía.
Humilde me postro y te escucho.
Has pronunciado mi nombre.
Me conoces.
Para Ti, cada uno es único, importante, amado.
Es tiempo de poda Señor.
Aquí estoy, corta en mí los sarmientos secos del orgullo, los sarmientos secos del egoísmo, de la falta de confianza, de misericordia, de…
Poda en mí todo aquello que impide que de frutos buenos.
Conviértenos, Señor.
Mi corazón se estremece, al ver que eres el Dios cercano y preocupado por los sufrimientos de cada uno de tus hijos e hijas.
Mi corazón se estremece, ante tantos hermanos y hermanas que están en la esclavitud de este mundo engañoso y seductor.
Mi corazón se estremece, ante tantos faraones que quieren domesticar a la Iglesia y tapar su voz profética.
Mi corazón se estremece, porque es mucha la mies y pocos los obreros.
Gracias Señor, por la generosidad callada de los seminaristas que un día prolongaran tus cuidados sobre nosotros.
Gracias Señor, porque te acercas a cada joven, y mirándolo con cariño le dice: Te necesito, cuento contigo.
Gracias, por los jóvenes valientes e intrépidos que responden: ¡Aquí estoy, cuenta conmigo!
Gracias, Señor, porque no te cansas de acercarte a mi vida, porque me quieres feliz, me llamas y me envías.
Amén.


cuarto domingo: ACOGIDOS
27 de marzo

Monición ambiental

Hermanos y hermanas, “dispuestos para regresar a casa”, hemos emprendido hace cuatro domingos el camino cuaresmal.
Ya vislumbramos cercana la Fiesta de las fiestas; La Pascua. Nuestra alegría es grande, así se conoce este domingo llamado “Laetare”, de la alegría.
Hemos ido tomando conciencia de que somos pecadores, que nos hemos alejado de la Casa del Padre, de Dios, con nuestros olvidos, perezas, pecados…
Pero, pero también, somos consciente que Él nos espera y acoge con los brazos y su Corazón abierto. Él nos espera y acoge, para decirnos; bienvenido a Casa.
Iniciemos la celebración de la Eucaristía nos reúne como Pueblo y familia de Dios puestos en pie y con el canto.


Oración para la poscomunión

Señor Jesús, en medio de este momento, sosegado,
íntimo y personal te abro mi corazón.
Yo también, corro a tu Casa, a tu Corazón de Padre Misericordioso.
Yo también, me he alejado de tu casa, mi casa.
Con mi mal uso de la libertad, de tus dones…
Yo también he probado las algarrobas del pecado, que me seduce, engaña y llega de tristeza…
Yo también, recapacito, reconozco, desde el fondo de mis caídas, que solo en Ti y contigo, mi corazón estaba en paz y en fiesta.
Mi corazón se alegra, porque no te cansas de esperarme cada día y acogerme con los brazos abiertos.
Mi corazón se alegra, porque me a acoges con tu abrazo de Madre y Padre.
Mi corazón se alegra, porque me revistes de nuevo con el taje de la dignidad de hijo amado, y el anillo de heredero del Reino.
Mi corazón se alegra, porque por mí, sacrificas el mejor cordero; tu Hijo y mi Señor Jesús.
Hoy, mi corazón se alegra, y como ella, como la Virgen María, desbordo de gozo en Ti, mi Dios y Salvador.
Amén.

quinto domingo: PERDONADOS
3 de abril


Monición ambiental

Hermanos y hermanas, convocados para celebrar la Eucaristía en el quinto domingo del camino cuaresmal, ya a las puertas de Jerusalén, de la Pascua 2022, resuena fuerte: “El que esté sin pecado, que tire la primera piedra”. Necesitamos al Palabra de Dios, que nos sitúe en nuestra verdad: somos pecadores, juzgamos y condenamos. Pero por encima de esta verdad acogida, nos sabemos perdonados, amados por el Señor, porque ante un corazón contrito y humillado Él derrama siempre su misericordia abundante.
No podemos sentarnos a la Mesa de la Eucaristía, sin reconocernos humildes pecadores, para que así el Señor nos revista con la alegría de su perdón.
Porque el Señor, todo lo hace nuevo, y ha estado grande con nosotros, iniciemos la celebración puestos en pie y con el canto.


Oración para la poscomunión

Señor Jesús, en medio de este momento, sosegado,
íntimo y personal te abro mi corazón.
Yo también, me pongo a tus pies, reconociendo mis pecados.
Yo también soy consciente de ellos, no los escondo, ni los justifico, ni maquillo…
Durante este camino cuaresmal recorrido, ya a las puertas de la Pascua, mi corazón ha visto con tu luz los rincones de mi alma.
He descubierto, polvo, suciedad, pecado…
Muchos me acusan, también me acusa el Maligno que me ha engañado, yo mimo me acuso de todos ellos…
Pero seguramente Señor, ante mis acusadores, tu escribes con tu dedo, no en la tierra, sino en mi corazón:
Te amo con misericordia, todo lo hago nuevo, sigues teniendo nuevas oportunidades, ponte en pie y camina.
Gracias Señor, ya estoy dispuesto a volver a Casa, tu casa, mi casa: tu Corazón.
Él es el hogar cálido, fuente de paz y alegría.
Gracias Señor, porque me enseñas a ser también misericordioso con mis hermanos, apartando el juicio y la condena.
Gracias Señor, porque, aunque no estoy libre de pecado, me abrazas y me dices:
Todo lo hago nuevo en ti y en todos.
Gracias Señor, ya estoy dispuesto a celebrar tu Pascua, nuestra Pascua.
Amén.


Publicado por verdenaranja @ 14:06  | Liturgia
 | Enviar

Desde la Delegación de Liturgia Diocesana de Tenerife  nos hacen llegar  Guía con algunas  sencillas sugerencias para este tiempo fuerte que pronto iniciaremos con toda la Iglesia. 

GUIA DE SUGERENCIAS Y RECURSOS PARA LA CUARESMA 2022

“Dispuesto para volver a Casa” Delegación Diocesana de Liturgia


Justificando el lema y propuesta de este tiempo cuaresmal 2022:

La preparación del Sínodo universal, la mistagogia de la Cuaresma, el mismo evangelio del San Lucas en el presente este ciclo c, y la propia existencia vital nos ponen delante la imagen del camino, como ya indicamos también en el Adviento. La imagen del camino es toda una parábola provocadora. Camino que todos somo invitados-llamados a recorrer, y en el cual, hay un inicio, un trayecto y una meta. Siguiendo la dinámica litúrgica de la Iglesia, lo iniciaremos el miércoles de Ceniza, reconociéndonos pecadores. Lo recorreremos durante 6 semanas en espíritu de conversión, para llegar a la meta, para llegar a la Pascua, a la “Casa” del Corazón de Dios, a la “Casa” que es la comunidad cristiana renovando el santo bautismo. La Semana Santa no es meta, es INICIO de una vida nueva de discípulos-misioneros. Nos compromete, y nos lleva a la Pascua; a la vida comunitaria-misionera.
Lo común es encontrarnos muy bien en casa, donde somos queridos y amados por ser miembros de la familia, no por lo que aportamos o tenemos…

Por ello, este año-ciclo c, se pone de manifiesto la impresionante parábola del Padre misericordioso, del hijo que vuelve a casa y del hermano que no acoge (Lucas 15, 11-32).

Todo este tiempo fuerte de la Santa Cuaresma, es tiempo propicio (2Cor 6,2) para disponernos a recorrer este camino de conversión y llagar a “Casa”. Allí, nos espera la misericordia del Padre Misericordioso. Nos espera a todos y a cada uno para abrazarnos. En la mochila de nuestra vida llevamos muchas cosas, muchos pesos, muchas experiencias de sufrimiento, desaliento, cansancio, tristeza, egoísmo, de pecado…

Así, conscientes, con alegría, dispuestos para volver a Casa, a recorrer el camino a la luz de la palabra de Dios… Ella nos sacudirá de nuestra modorra, nos renovará en la esperanza y nos acercará de nuevo a la Casa, donde nos espera nuestro Señor, porque Él es el Dios de las mil oportunidades, de los mil abrazos, su misericordia no se cansa, ni se agota: es eterna y te espera.
¿Qué tengo que disponer para despertar mi fe, mi esperanza, mi caridad?
Las cosas que hay que disponer como en todo viaje, camino, peregrinación para llegar al lugar deseado será: oración, ayuno, penitencia, palabra de Dios, obras de caridad y misericordia para con el prójimo…

Por todo ello, desde la Delegación Diocesana de Liturgia teRecomendamos y ofrecemos…


. Realizar el signo del camino. Dejando a la creatividad y posibilidades de cada comunidad, sugerimos hacer un camino con tierra, o arena, o tela… ese camino termina al pie de la Cruz, signo central de la Cuaresma, ella evoca el abrazo misericordioso de Dios a la humanidad y a cada uno de sus hijos por medio del HIJO.

. Cada domingo se pondrá una palabra-resumen-evocadora del evangelio del domingo correspondiente.

. Ofrecemos las moniciones ambientales para el inicio de la Eucaristía dominical, y en el tiempo de la poscomunión una oración de acogida de toda la celebración.

. Celebrar el vía crucis, para ello ofrecemos algunos modelos: uno breve biblico, otro sobre las obras de misericordia al ser este año el ciclo del evangelista Lucas “evangelista de la misericordia” un tercero, del papa Francisco 2021, muy oportuno sobre los niños, y otro de Mons. Francisco Cerro Chaves para los jóvenes.

. Invitamos a hacer Lectio de las lecturas del domingo en comunidad, con algún grupo pastoral ya establecido en la parroquia, o invitando como momento orante cuaresmal a los que deseen encontrase con la Palabra.

. Celebrar comunitariamente la Penitencia en algún momento oportuno, aparte de ofrecer tiempos para este sacramento. Una buena cuaresma nos lleva a una buena confesión.

. Una oración- examen de conciencia para ayudar a celebrar bien la reconciliación sacramental comunitaria o personal a la luz de 1 Cor 13.

. Distribuir, para meditar y orar las cartas pastorales tanto del papa Francisco para la cuaresma 2022 “No os canséis de hacer el bien”, como de nuestro Obispo Don Bernardo para la Semana Santa 2022, “Queremos ver a Jesús”.

El camino de vuelta a Casa: CUARESMA 2022


 | Enviar
Viernes, 11 de febrero de 2022

Reflexión a las lecturas del domingo sexto del Tiempo Ordinario ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo VI del T. Ordinario C

 

Hasta llegar a la Cuaresma que se acerca, se nos presenta, en estos últimos domingos, lo que se conoce como “el Sermón de la Llanura” de San Lucas, que está en relación con el Sermón de la Montaña de San Mateo.

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesucristo bajando de un monte con los Doce a los que acaba de elegir apóstoles, y se para en una llanura donde se encontraba un grupo grande de discípulos y de gente proveniente de distintos lugares. Y mirando hacia los discípulos, decía: “Bienaventurados los pobres, los que ahora tenéis hambre, los que ahora lloráis, los perseguidos por causa del Hijo del Hombre”. Luego comienza a decir: “¡Ay de vosotros los ricos, los que estáis saciados, los que ahora reís, de los que todos hablan bien!”

Lo primero que aprendemos aquí es que el Señor Jesucristo nos quiere bienaventurados, es decir, dichosos, felices, aunque sus caminos, a veces, pueden parecernos, a primera vista, un tanto extraños. Es el tema de la primera lectura que, en el Evangelio, llega a su plenitud.

Nos dice el Señor, en aquella lectura, que se trata de dos estilos de vida diferentes: la del que pone su confianza en Dios y la del que pone su confianza en los hombres “apartando su corazón del Señor”.

Y el salmo responsorial es la síntesis de todo: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”.

Por poco que reflexionemos nos daremos cuenta qué actual es el mensaje de este domingo:

Hay mucha gente, muchos cristianos que, en la vida de cada día, incluso, en las circunstancias más difíciles, tienen su confianza puesta en el Señor y dicen con S. Pablo: “Bien sé de quién me he fiado” (2 Tim 1, 12). ¡Muchas veces parecen cimentados en una roca inconmovible!

Pero lo más que abunda, diríamos lo propio de nuestra época, es vivir alejados de Dios y de la Iglesia. Abunda en nuestros ambientes “el rico de espíritu”, es decir, aquel que piensa que no necesita nada de Dios; que considera que todo puede conseguirlo con sus medios, con sus fuerzas. Por eso, a la hora de formar una familia no piensa en acudir a la Iglesia que, en el sacramento del Matrimonio, le ofrece ayuda sobreabundante para formar un hogar feliz.

También se manifiesta en la educación de los hijos. Hay padres que tratan de educar a sus hijos como cristianos, pero otros muchos piensan que ellos, por sí mismos, son capaces de ofrecerles todo lo que necesitan y descuidan los medios que la Iglesia les ofrece en las diversas edades y circunstancias, porque, en la práctica, se contentan con que el niño, el adolescente o el joven sea bueno, tenga buena salud, saque la carrera, etc.

Y así podríamos continuar, pero no tenemos espacio para más. Sólo queda proyectar sobre estas realidades el faro luminoso de las lecturas de este domingo que venimos comentando.

Yo suelo decir que de este estilo de vida, que tanto abunda, no se puede esperar nada bueno. Si algo nos enseña la historia, desde el principio, es que el hombre y la mujer no han sido nunca grandes y felices en contra de Dios o al margen de Dios.

La Virgen decía en su célebre canto: “A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos”. Se trata, como es lógico, de los “ricos de corazón”, los que piensan, como decía antes, que no necesitan nada de Dios y se cierran a las necesidades de los hermanos, incluso de los más pobres y necesitados.

Si, el vacío del corazón y de la existencia es el signo de nuestra época y se expresa cada día de muchas formas en una vida cerrada a la trascendencia.

Además, los cristianos sabemos bien que esa bienaventuranza a la que nos llama el Señor, tiene su punto culminante en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro como nos enseña San Pablo en la segunda lectura. Para el apóstol, en efecto, la Resurrección de Cristo y la del cristiano son dos realidades inseparables.

Nuestra colaboración generosa en la Jornada de Manos Unidas contra el Hambre en el Mundo es la señal de una vida abierta a Dios y a los hermanos.

                                                                                                                ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 12:31  | Espiritualidad
 | Enviar
Viernes, 04 de febrero de 2022

Reflexión a las lecturas del domingo quinto del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 5º de T. Ordinario C

 

Ya hemos dicho que comenzar la Vida Pública del Señor es escuchar sus primeras palabras, contemplar sus primeros milagros, conocer a sus primeros discípulos... Es la novedad del Reino de Dios que ha llegado y que se hace Buena Noticia para nosotros y para todos.

El Evangelio de este domingo nos narra cómo Jesucristo elige a los primeros discípulos. De sencillos pescadores del Lago los convierte en “pescadores de hombres”. Y es que Dios -lo contemplábamos el domingo pasado- para hablarnos, para darnos sus dones y para salvarnos, ha querido tener necesidad de la fragilidad de lo humano.

Las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo nos presentan la vocación del profeta Isaías, la vida apostólica de S. Pablo y la llamada de los primeros discípulos.

Es importarte subrayar que la decisión de cada uno de estos llamados viene precedida de una experiencia fuerte de la grandeza de Dios o de un encuentro personal y muy especial con Jesucristo. Es la visión gloriosa de Isaías, el camino de Damasco de San Pablo o la pesca abundante de los discípulos, que nos presenta el Evangelio de este domingo.

También nosotros, como ellos, somos llamados a ser discípulos del Señor para seguirle y para ser pescadores de hombres según la vocación de cada uno. Pero no podemos engañarnos: Nadie dará un paso adelante en su vida cristiana, nadie optará por un compromiso importante en la Iglesia…, mientras no tenga en su vida una experiencia fuerte de Dios. Es lo que suele llamarse “el descubrimiento de Jesucristo”. Algunos lo llaman también “mi conversión”.

A veces, en la vida de nuestras comunidades cristianas, constatamos que hay gente que no quiere comprometerse en nada o que son muy pocos los que se comprometen en serio. ¡Y nos desanimamos y nos quejamos! Pero, normalmente, no tenemos razón, porque, tal vez, no estamos respetando el ritmo de crecimiento de las personas y de las comunidades como nos enseñaba el Papa San Pablo VI. Hay que esperar a que tengan ese descubrimiento de Jesucristo, ese encuentro con Él; entonces sí que se comprometerán con Él y con la Iglesia. ¡Los demás caminos son menos efectivos y fiables!

Por tanto, si queremos contar con unas verdaderas comunidades cristianas llenas de vitalidad y de gente comprometida, tenemos que hacer todos los esfuerzos para propiciar en todos y en cada uno “un verdadero encuentro con Jesucristo”. ¡Hay en la Iglesia tantas experiencias y tantas formas de conseguirlo!

Entonces contemplarán como Isaías al Señor que se pregunta: “A quién enviaré? ¿Quién irá por mí?” Y con el aliento del Espíritu del Señor dirán como el profeta: “Aquí estoy mándame”. Es la enseñanza de la primera lectura.

O, como San Pablo, se pueden encontrar caídos en su propio camino de Damasco preguntando a Jesucristo Resucitado: “¿Qué debo hacer, Señor?”. Y entonces escucharán: “Levántate, continúa el camino  hasta Damasco, y allí te dirán lo que está determinado que hagas” (Hch 22, 10). Y en Damasco encontramos a un tal Ananías, lleno de miedo, que, a pesar de todo, le dice a Pablo lo que tiene que hacer. Son las mediaciones humanas, a través de las cuales Dios habla y actúa muchas veces.

O, tal vez, como Pedro, ante la pesca milagrosa, se arrojarán a los pies de Jesús diciéndole: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y escucharán entonces la voz del Señor que les dice: “No temas: desde ahora serás pescador de hombres”. ¡Y ya sabemos que hay muchas maneras de realizarlo!                 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!       

            


Publicado por verdenaranja @ 12:51  | Espiritualidad
 | Enviar

Desde la Delegación Diocesana de la Diócesis de Tenerife nos remiten el material para JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2022

Líneas fundamentales de la Campaña

El tema de la Campaña de este año: “Acompañar en el sufrimiento”, con el lema bíblico “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6, 36). En su Mensaje para esta trigésima Jornada, el Papa Francisco nos dice “cómo no recordar, a este respecto, a los numerosos enfermos que, durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos, pero lejos de sus seres queridos y de las personas más importantes de su vida terrenal”. El sufrimiento de nuestros hermanos se convierte en una urgente llamada a ser “testigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre” y así acompañarlos en su sufrimiento.

Pretendemos que en esta Campaña seamos portadores de esperanza a cuantos sufren por la enfermedad, sin olvidarnos de cuantos cuidan a los enfermos y de aquellos que padecen enfermedades menos “visualizadas” que provocan un sufrimiento grande: las personas con enfermedad mental (la depresión es cada vez más frecuente y en edades más bajas, el suicidio como segunda causa de muerte en los jóvenes), neurodegenerativas (ELA, Alzheimer…) o las denominadas “enfermedades raras” (para las que se destinan menos recursos y padecen un mayor abandono).

  1. “A lo largo de estos treinta años el servicio indispensable que realiza la pastoral de la salud se ha reconocido cada vez más. Si la peor discriminación que padecen los pobres —y los enfermos son pobres en salud— es la falta de atención espiritual, no podemos dejar de ofrecerles la cercanía de Dios, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración en la fe” (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada del Enfermo 2022).
  2. Hay que ayudar a descubrir que hay vida, sentido y valor en el hombre que sufre. La enfermedad supone siempre una grave una crisis y nos plantea interrogantes vitales que surgen desde lo más íntimo del corazón que sufre. Se hace, entonces, necesario estar preparados para aporta esperanza; pero no una esperanza cualquiera, sino una esperanza “fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino” (Benedicto XVI. Encíclicas “Spes Salvi, 1).
  3. La ciencia cristiana del sufrimiento, como nos dice el Concilio, es la única verdad capaz de responder al misterio del sufrimiento y de dar a quien está enfermo un alivio sin engaño: No está en nuestro poder el concederos la salud corporal, ni tampoco la disminución de vuestros dolores físico. Pero tenemos una cosa más profunda y preciosa que ofreceros. Cristo no suprimió el sufrimiento y tampoco ha querido desvelarnos enteramente su misterio: Él lo tomó sobre sí, y eso es bastante para que nosotros comprendamos todo su valor (cf. Concilio Vaticano II, Mensaje a los pobres, a los enfermos y a todos los que sufren, 8 de diciembre de 1965)”. 
  4. “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito” (Benedicto XVI, Encíclica Spe salvi, 37).
  5. No basta el cuidado técnico. El amor pide más. “Hoy, aunque, por un lado, con motivo de los progresos en el campo técnico-científico, aumenta la capacidad de curar físicamente al enfermo, por otro lado, parece debilitarse la capacidad de atender a la persona que sufre, considerada en su totalidad y unicidad” (Benedicto XVI, Discurso a participantes de las XXVII Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, 17-XI-2012).

  6.  


 | Enviar

Desde la Delegación Diocesana para la Salud de la diócesis de Tenerife nos envían el mensaje del papa Francisco para jornada Mundiald del Enfermo 2022 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXX JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2022

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36)

Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad

Queridos hermanos y hermanas:

Hace treinta años, san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo para sensibilizar al Pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias católicas y a la sociedad civil sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan [1].

Estamos agradecidos al Señor por el camino realizado en las Iglesias locales de todo el mundo durante estos años. Se ha avanzado bastante, pero todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado. Que la XXX Jornada Mundial del Enfermo —cuya celebración conclusiva no tendrá lugar en Arequipa, Perú, debido a la pandemia, sino en la Basílica de San Pedro en el Vaticano— pueda ayudarnos a crecer en el servicio y en la cercanía a las personas enfermas y a sus familias.

1. Misericordiosos como el Padre

El tema elegido para esta trigésima Jornada, «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36), nos hace volver la mirada hacia Dios «rico en misericordia» (Ef 2,4), que siempre mira a sus hijos con amor de padre, incluso cuando estos se alejan de Él. De hecho, la misericordia es el nombre de Dios por excelencia, que manifiesta su naturaleza, no como un sentimiento ocasional, sino como fuerza presente en todo lo que Él realiza. Es fuerza y ternura a la vez. Por eso, podemos afirmar con asombro y gratitud que la misericordia de Dios tiene en sí misma tanto la dimensión de la paternidad como la de la maternidad (cf. Is 49,15), porque Él nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre, siempre dispuesto a darnos nueva vida en el Espíritu Santo.

2. Jesús, misericordia del Padre

El testigo supremo del amor misericordioso del Padre a los enfermos es su Hijo unigénito. ¡Cuántas veces los Evangelios nos narran los encuentros de Jesús con personas que padecen diversas enfermedades! Él «recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de los judíos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente» (Mt 4,23). Podemos preguntarnos: ¿por qué esta atención particular de Jesús hacia los enfermos, hasta tal punto que se convierte también en la obra principal de la misión de los apóstoles, enviados por el Maestro a anunciar el Evangelio y a curar a los enfermos? (cf. Lc 9,2).

Un pensador del siglo XX nos sugiere una motivación: «El dolor aísla completamente y es de este aislamiento absoluto del que surge la llamada al otro, la invocación al otro» [2]. Cuando una persona experimenta en su propia carne la fragilidad y el sufrimiento a causa de la enfermedad, también su corazón se entristece, el miedo crece, los interrogantes se multiplican; hallar respuesta a la pregunta sobre el sentido de todo lo que sucede es cada vez más urgente. Cómo no recordar, a este respecto, a los numerosos enfermos que, durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos, pero lejos de sus seres queridos y de las personas más importantes de su vida terrenal. He aquí, pues, la importancia de contar con la presencia de testigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre [3]. 

3. Tocar la carne sufriente de Cristo

La invitación de Jesús a ser misericordiosos como el Padre adquiere un significado particular para los agentes sanitarios. Pienso en los médicos, los enfermeros, los técnicos de laboratorio, en el personal encargado de asistir y cuidar a los enfermos, así como en los numerosos voluntarios que donan un tiempo precioso a quienes sufren. Queridos agentes sanitarios, su servicio al lado de los enfermos, realizado con amor y competencia, trasciende los límites de la profesión para convertirse en una misión. Sus manos, que tocan la carne sufriente de Cristo, pueden ser signo de las manos misericordiosas del Padre. Sean conscientes de la gran dignidad de su profesión, como también de la responsabilidad que esta conlleva.

Bendigamos al Señor por los progresos que la ciencia médica ha realizado, sobre todo en estos últimos tiempos. Las nuevas tecnologías han permitido desarrollar tratamientos que son muy beneficiosos para las personas enfermas; la investigación sigue aportando su valiosa contribución para erradicar enfermedades antiguas y nuevas; la medicina de rehabilitación ha desarrollado significativamente sus conocimientos y competencias. Todo esto, sin embargo, no debe hacernos olvidar la singularidad de cada persona enferma, con su dignidad y sus fragilidades [4]. El enfermo es siempre más importante que su enfermedad y por eso cada enfoque terapéutico no puede prescindir de escuchar al paciente, de su historia, de sus angustias y de sus miedos. Incluso cuando no es posible curar, siempre es posible cuidar, siempre es posible consolar, siempre es posible hacer sentir una cercanía que muestra interés por la persona antes que por su patología. Por eso espero que la formación profesional capacite a los agentes sanitarios para saber escuchar y relacionarse con el enfermo.

4. Los centros de asistencia sanitaria, casas de misericordia

La Jornada Mundial del Enfermo también es una ocasión propicia para centrar nuestra atención en los centros de asistencia sanitaria. A lo largo de los siglos, la misericordia hacia los enfermos ha llevado a la comunidad cristiana a abrir innumerables “posadas del buen samaritano”, para acoger y curar a enfermos de todo tipo, sobre todo a aquellos que no encontraban respuesta a sus necesidades sanitarias, debido a la pobreza o a la exclusión social, o por las dificultades a la hora de tratar ciertas patologías. En estas situaciones son sobre todo los niños, los ancianos y las personas más frágiles quienes sufren las peores consecuencias. Muchos misioneros, misericordiosos como el Padre, acompañaron el anuncio del Evangelio con la construcción de hospitales, dispensarios y centros de salud. Son obras valiosas mediante las cuales la caridad cristiana ha tomado forma y el amor de Cristo, testimoniado por sus discípulos, se ha vuelto más creíble. Pienso sobre todo en los habitantes de las zonas más pobres del planeta, donde a veces hay que recorrer largas distancias para encontrar centros de asistencia sanitaria que, a pesar de contar con recursos limitados, ofrecen todo lo que tienen a su disposición. Aún queda un largo camino por recorrer y en algunos países recibir un tratamiento adecuado sigue siendo un lujo. Lo demuestra, por ejemplo, la falta de disponibilidad de vacunas contra el virus del Covid-19 en los países más pobres; pero aún más la falta de tratamientos para patologías que requieren medicamentos mucho más sencillos.

En este contexto, deseo reafirmar la importancia de las instituciones sanitarias católicas: son un tesoro precioso que hay que custodiar y sostener; su presencia ha caracterizado la historia de la Iglesia por su cercanía a los enfermos más pobres y a las situaciones más olvidadas [5]. ¡Cuántos fundadores de familias religiosas han sabido escuchar el grito de hermanos y hermanas que no disponían de acceso a los tratamientos sanitarios o que no estaban bien atendidos y se han entregado a su servicio! Aún hoy en día, incluso en los países más desarrollados, su presencia es una bendición, porque siempre pueden ofrecer, además del cuidado del cuerpo con toda la pericia necesaria, también aquella caridad gracias a la cual el enfermo y sus familiares ocupan un lugar central. En una época en la que la cultura del descarte está muy difundida y a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida y vivida, estas estructuras, como casas de la misericordia, pueden ser un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun de la más frágil, desde su concepción hasta su término natural.

5. La misericordia pastoral: presencia y cercanía

A lo largo de estos treinta años el servicio indispensable que realiza la pastoral de la salud se ha reconocido cada vez más. Si la peor discriminación que padecen los pobres —y los enfermos son pobres en salud— es la falta de atención espiritual, no podemos dejar de ofrecerles la cercanía de Dios, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración en la fe [6]. A este propósito, quisiera recordar que la cercanía a los enfermos y su cuidado pastoral no sólo es tarea de algunos ministros específicamente dedicados a ello; visitar a los enfermos es una invitación que Cristo hace a todos sus discípulos. ¡Cuántos enfermos y cuántas personas ancianas viven en sus casas y esperan una visita! El ministerio de la consolación es responsabilidad de todo bautizado, consciente de la palabra de Jesús: «Estuve enfermo y me visitaron» ( Mt 25,36).

Queridos hermanos y hermanas, encomiendo todos los enfermos y sus familias a la intercesión de María, Salud de los enfermos. Que unidos a Cristo, que lleva sobre sí el dolor del mundo, puedan encontrar sentido, consuelo y confianza. Rezo por todos los agentes sanitarios para que, llenos de misericordia, ofrezcan a los pacientes, además de los cuidados adecuados, su cercanía fraterna.

A todos les imparto con afecto la Bendición Apostólica.

Roma, San Juan de Letrán, 10 de diciembre de 2021, Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Loreto.

Francisco 


Publicado por verdenaranja @ 11:35  | Habla el Papa
 | Enviar
Mi?rcoles, 02 de febrero de 2022

Reflexión  a las lecturas de la fiesta de la Presentación del Señor ofrecida por el sacerdote Don juanManuel pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÁI DEL SEÑOR"

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR. LA CANDELARIA

A través de ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR suelo reflexionar sobre la Liturgia de los domingos y de las solemnidades. Hago una excepción en la Fiesta de la Presentación del Señor porque es solemnidad en las Islas Canarias, donde celebramos a Ntra. Sra. de la Candelaria, Patrona de nuestras Islas.

Esta excepción es una forma de expresar nuestro cariño y especial devoción a Santa María, la Virgen, en el misterio de su Purificación.

Ella llegó a nuestras tierras antes que los conquistadores y evangelizadores y, sobre todo, a través de Antón, el guanche y otros, adelantó la obra evangelizadora en nuestras tierras; y a lo largo ya de muchos siglos, ha sido un punto de referencia singular en la obra del Evangelio y de la Iglesia, Luz de las Gentes, como la llamó el Vaticano II.

¡Ella es, por tanto, nuestra Madre y nuestra Reina también por “derecho de conquista!”

En esta fiesta de luz y de gloria, la contemplamos a ella como Ntra. Sra. de Candelaria, la que siempre nos ofrece y nos lleva a Cristo, luz de las naciones y esperanza de todos los pueblos, especialmente, los de la Región Canaria, siempre necesitada de avance y de progreso en todos los órdenes: materiales y espirituales.

A través de la obra apostólica de nuestras dos Iglesias Diocesanas, la luz del Señor ha resplandecido también en otros muchos lugares del mundo.

Lo primero que nos ofrecen las lecturas de este día, es la Entrada del Mesías en el templo de Jerusalén como habían anunciado los profetas.

Y en el salmo, el pueblo aclama a Dios, con inmensa alegría, identificando aquel Niño como “el Señor de los Ejércitos, el Rey de la gloria”.

Él, por nosotros y por nuestra salvación, se ha hecho miembro de la familia humana, de nuestra carne y de nuestra sangre, como contemplamos en la segunda lectura, y, por su Misterio Pascual, ha sido constituido Sumo Sacerdote compasivo y fiel para que nosotros nos acerquemos al trono de la gracia para encontrar auxilio que nos ayude oportunamente (Cfr. Heb, 4, 14-16 y 10, 19-24).

En el Evangelio el anciano Simeón proclama a aquel Niño gloria de Israel y luz de las naciones. Él, por su Resurrección, ha llenado de luz al universo entero. Nosotros por el Bautismo y por el Evangelio, participamos de ese torrente de luz, de paz y de esperanza. Por eso, hoy es un día apropiado para renovar nuestro Bautismo y nuestra adhesión a Jesucristo y a la Iglesia para gloria de Dios y bien de nuestras Islas de todo el mundo.

Así, aquel hecho normal para toda familia israelita cuando nacía el hijo primogénito, se ha convertido, por la acción del Espíritu Santo, en un acontecimiento importante y trascendental en la Historia de la Salvación y, como ya hemos dicho, ha traído un nuevo título para la Madre del Señor: La Candelaria, que también se llama La Luz.

Hoy se celebra en la Iglesia, desde hace mucho tiempo, la Jornada de la Vida Consagrada. De este modo, también Jesucristo y la Virgen María se convierten, en este misterio, en un torrente de luz para los que, acogiendo su llamada, han consagrado su vida a Dios y a la Iglesia con un nuevo título.

¡Cuánta necesidad tenemos en nuestras Islas y en el mundo entero de abrir nuevamente a Cristo nuestros corazones con la mayor capacidad de acogida que seamos capaces, para nuestro bien y el bien de todos!

Es la gracia mayor que podemos pedir y obtener de la Virgen de Candelaria, nuestra Madre y nuestra Reina.

                                                                                            ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:06  | Espiritualidad
 | Enviar