Viernes, 04 de marzo de 2022

Reflexión a las lecturas del domingo primero de cuaresma C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 1º de Cuaresma

 

Me parece que sería conveniente comenzar nuestra reflexión de este domingo, haciendo una profesión de fe sobre la existencia del espíritu del mal, del diablo, porque la mayor parte de la gente piensa que no existe, que se trata de restos de un pasado oscurantista y poco científico, de explicaciones poco acertadas acerca del origen y de la existencia del mal y de la muerte, de una imagen que representa el mal y el pecado en el mundo, de una representación del dios malo, origen de todo mal, frente a la realidad del Dios de la bondad y del bien al que llamamos Dios Padre.

Lo que más le interesa a cualquier enemigo es dar la sensación de que no está. Y se esconde y se camufla hasta que llega el momento más oportuno para presentar batalla.

El diablo no sólo existe sino que tiene un conocimiento muy grande de la identidad de Cristo, de su misión y de su poder. Lo contemplamos, por ejemplo, al comienzo de su Vida Pública (Mc 1, 23-28). ¡Es el espíritu del mal!

Y también existe el otro espíritu, el Espíritu del bien, el Espíritu Santo, que es Dios, que ha descendido sobre Jesucristo en su Bautismo y se ha quedado con Él y que ahora le asiste y lo va “llevando por el desierto, mientras es tentado por el diablo”.

Ese Espíritu está también en nosotros y quiere conducirnos por el desierto de la Cuaresma para llegar bien dispuestos a las fiestas de Pascua.

¿Y por qué todos los años se nos presenta el mismo tema -las tentaciones del desierto- en el primer domingo de Cuaresma?

Porque cada año necesitamos recordar y revivir esta experiencia. Es fundamental para nosotros que caminamos hacia la Pascua en medio de las tentaciones y dificultades de nuestro propio desierto cuaresmal.

Hay un himno de este Tiempo, que dice: “La Cuaresma es combate, las armas, oración, limosnas y vigilias por el Reino de Dios”. Y si esto es así, cuánto nos ayuda, al comenzar la Cuaresma, acercarnos al combate de Cristo y a su victoria sobre las tentaciones del demonio.

Se suelen hacer muchos comentarios sobre cada una de ellas; pero a mí me gusta señalar “la tentación fundamental” que subyace en las tres tentaciones.

Me parece que el demonio trata de conseguir que el Mesías cambie de camino. Frente a la voluntad del Padre que ha trazado a Jesucristo un camino concreto que incluye todo tipo de adversidades, la Pasión y la Cruz, Satanás trata de desviarle por completo presentándole, en las tentaciones del desierto, un mesianismo diverso: espectacular, glorioso, triunfador…, como querían los judíos y sus mismos discípulos. Un Mesías que fuera capaz de convertir las piedras en pan, de tirarse por el alero del templo y caer en manos de los ángeles, y hasta de pactar con el diablo, si fuera necesario, para conseguir sus objetivos.

¿No te parece importante esta tentación que está latente en las distintas tentaciones?

Es la misma tentación del principio de la historia: “Seréis como Dios” (Gen 3, 5). Pero Jesucristo es el nuevo Adán que sale vencedor en su combate magnífico del desierto.

¿Y nosotros? Como, acabamos de ver, el demonio no se anda con rodeos, va a lo fundamental, a la misma condición mesiánica de Cristo; y en nosotros va a la raíz de nuestra existencia cristiana. A muchos cristianos no nos podrá convencer de que dejemos de serlo, pero tratará de conseguir, por lo menos, que no lo tomemos muy en serio.

Hace falta, por tanto, la ayuda del Espíritu del Señor que nos conduce y nos impulsa en esta Cuaresma a la victoria sobre el enemigo, sellada en la Noche Santa de la Pascua, con la renovación de los sacramentos de iniciación cristiana, principalmente, el Bautismo.

¡Y qué importante es comenzar este Tiempo de Cuaresma, contemplando esta imagen de Cristo Vencedor, sobre todo, si somos capaces de entender que esta victoria prefigura su otra victoria: la que obtiene por su Cruz y por su Resurrección que es su Pascua y principio y garantía de la nuestra.


Publicado por verdenaranja @ 12:12  | Espiritualidad
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