Jueves, 17 de marzo de 2022

 Reflexión la fiesta de San José ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

LA SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

Para prepararnos a su celebración

 

Me parece que el Papa Francisco ha hecho un gran bien a la Iglesia convocando el Año de San José, al cumplirse el 150º aniversario de su declaración como patrono de la Iglesia realizado por el Papa Beato Pío IX en circunstancias difíciles.

Este acontecimiento acrecienta nuestro interés por recordar y estudiar la figura de este hombre singular que, en un contexto de vida tan sencillo y humilde, realizó a la perfección la misión que le encomendó el Señor al constituirlo esposo de la Virgen María y padre de su Hijo hecho hombre.

El prefacio de la Misa nos ofrece una síntesis muy bella de la misión de San José: “Él es el hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre de Dios, el servidor fiel y prudente a quien pusiste al frente de tu familia, para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu Unigénito, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, Señor nuestro”.

Cuántas enseñanzas podríamos extraer con solo ir comentando cada una de las palabras o de las frases.

Esa tarea la dejo a cada uno en algún espacio de silencio y recogimiento que pueda tener.

El Evangelio II de los dos que nos propone la liturgia de este día, la pérdida de Jesús en el templo, nos presenta a José cumpliendo la doble tarea de ser esposo de María y de hacer las veces de padre del Hijo de Dios hecho hombre.

Imaginemos el acontecimiento: ¡Jesús se ha perdido y no se encuentra! ¡Con cuánta preocupación, con cuánto agobio y angustia lo buscan!

Lo expresa María cuando le dice: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados”.

Subrayemos la expresión: “Tu padre y yo”.

Jesús les responde que tenía que estar en “las cosas de su Padre”, pero ellos no entendieron lo que les quiso decir. Tienen que vivir continuamente en medio del misterio de aquel Niño que “va creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”.

Y, después de aquella auténtica “Epifanía” misteriosa de los 12 años, el Hijo de Dios bajó con ellos a Nazaret y continuó sujeto a ellos. Y “su madre conservaba todo esto en su corazón”.

¡Cuántas cosas aprendemos aquí!

¡Por tanto, la misión de José junto a Jesús y a María, se nos presenta muy grande, pero también muy difícil!

A veces nos quejamos de las dificultades que rodean nuestra vida o en el apostolado o en nuestro ministerio y pensamos que Dios debería aliviarnos un poco y, tal vez, nos desconcertamos porque no lo hace… ¡Pues miremos a María y a José! El Señor no les preserva de ningún problema, más bien, parece que se acrecientan!

Por eso, la segunda lectura, nos recuerda la fe y la perseverancia de Abrahán, el padre de los creyentes como tipo de la vida de San José.

Él es así para nosotros modelo de fe, de fidelidad y de constancia! Y también es para nosotros padre y protector. Por eso le encomendamos la Iglesia, los Seminarios y las familias del mundo entero.

La primera lectura nos recuerda también otro aspecto de la grandeza de S. José. En él se lleva a cabo la promesa que Dios hizo a David de consolidar su Reino para siempre. En la Anunciación el ángel le dice a María: “El Señor le dará el trono de David su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su Reino no tendrá fin” (Lc 1, 32-34).

Por eso, en el salmo responsorial proclamamos: “Su linaje será perpetuo”.

Por todo ello, la Solemnidad de San José constituye también una llamada apremiante a la santidad.

El Señor no quiere que seamos buenos, quiere que seamos santos. ¡La Iglesia tiene siempre necesidad de santos!

El tiempo de Cuaresma en que nos encontramos es un buen momento para recordarlo y esforzarnos por conseguirlo.


Publicado por verdenaranja @ 16:55  | Espiritualidad
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